martes, 20 de mayo de 2008
La gente habla
He, como muchos, visto a la gente que habla sola. Ya sea en el transporte, en la calle, donde sea. A veces es una equivocación pues no percibo el aparato del teléfono que se posiciona del oído para dejar las manos libres, pero cuando presto atención y me queda claro que no es por ningún adminículo tecnológico, sino por puro placer de locura de hablar solo, me provoca envidia. En lo personal, requiero interlocutor para intercambiar ideas, conceptos, sentimientos, aun no logro hablar solo en voz alta, quizá el mecanismo no sea el mismo, tal vez no cuento con ese ánimo o espíritu de aventura que tiene aquellos que charlan con el viento.
lunes, 19 de mayo de 2008
Enriqueta Ochoa
Ayer en el Palacio de Bellas Artes se le rindió un justo homenaje a la poeta Enriqueta Ochoa, escritora de altos vuelos, sin duda parte fundamental de la lírica no sólo mexicana sino de toda la lengua castellana, la coahuilense de nacimiento convivió con sus lectores, los que sabemos que sus poemas transmiten pulsaciones, y combinan a tiempo el palpitar de un sentimiento cuando el veneno cumple su cometido.
Agradecida, la autora de Las vírgenes terrestres al final leyó un par de sus poemas, sin embargo sí se percibe que se le deben más honores, el mayor leer su poesía, se recomienda por ejemplo la reciente edición de su obra reunida elaborada en el Fondo de Cultura Económica.
Agradecida, la autora de Las vírgenes terrestres al final leyó un par de sus poemas, sin embargo sí se percibe que se le deben más honores, el mayor leer su poesía, se recomienda por ejemplo la reciente edición de su obra reunida elaborada en el Fondo de Cultura Económica.
martes, 13 de mayo de 2008
Cicerón abreviado
Dice Cicerón en sus Diálogos en Túsculo: “es propio de la estupidez ver los vicios ajenos y olvidarse de los propios”, cierto. Mal gastamos el tiempo criticando a los otros pero no ejercemos la autocrítica ya sea profesional o personal en cada coyuntura, con los amigos, la pareja, la familia. En la misma obra nos comparte que el dolor más grande y perdurable es la vergüenza, esto es que duele más que el dolor mismo. Ejemplifico con una escena común: en una cita, pensemos en el rompimiento de una pareja, quizá ella le propine una bofetada a él, pues el dolor físico puede durar ese día y al otro dejar ligeras marcas, pero el sentimiento y sobre todo la vergüenza (extendamos la imaginación para pensar que es el lugar favorito para cenar de él y que por ende varias de las personas que presenciaron el momento de la famosa bofetada estarán cenando también allí de vez en vez) pervivirán más tiempo. Quizá por ello, cuando las cosas están muy mal, le llaman acto de vergüenza a lo conveniente que puede resultar retirarse, hacerse a un lado, o decir adiós. Es lo único que queda después de una desagracia.
viernes, 9 de mayo de 2008
El cuerpo literal
El volumen Hago de voz un cuerpo es un libro-objeto, pues su bella presentación es lo primero que salta a la vista. Ya después por cuenta propia, debido a que carece de texto introductorio, uno pasa directo a la idea de la compilación: leer los versos que intentan dibujar una descripción del cuerpo humano.
Poetas reconocidos se dan cita en estas páginas que llevan un orden que va de la cabeza a los pies. Inaugura el volumen David Huerta quien recomienda: “Cuídala. Sé lo que te digo./ No la pierdas, no la apuestes:/ no la escondas ni la prestes./ (Quizá es tu mejor amigo…)”, le sigue Francisco Hinojosa quien habla sobre los ojos y Eduardo Langagne en su disertación acerca de la nariz y su contenido: “los mocos son caballeros/ que al salir lucen felices:/ no son dos nuestras narices,/ sí son dos sus agujeros”.
Francisco Segovia sobre la lengua señala: “Esto es lo que ha hecho la lengua/ tras de los labios cerrados.// Una luna que no mengua/ en la noche de la boca…// Tras los labios apretados,/ una luna eterna, loca…”, también se da tiempo para exponer sobre los pelos de bruja. Fabio Morábito escribe acerca de las orejas, pero va más allá: “para oír el silencio no te tapes las orejas/ oirás la sangre que corre por tus venas// para oír el silencio aguza los oídos/ escúchalo una vez y no vuelvas a oírlo”.
Héctor Carreto es el encargado de escribir sobre el cuello, a Coral Bracho le ha tocado el pecho; Alfonso D’Aquino comparte su lectura de las manos y de algo que califica como Tambor de sol: “Y en el tronco de mi cuerpo/ tañe por fuera y por dentro,/ como retumba en el viento/ el tambor del universo… Todas las cosas/ te atraen…”. Similar sucede con Elsa Cross y su centro del mundo.
La antóloga María Baranda no queda fuera (comparto con aquellos que señalan que es de mal gusto que los antólogos se incluyan, pero bueno, qué le vamos a hacer), habla sobre Mis brazos, Mis dos mitades y Mis codos, de los primeros dice: “Mis brazos, mis brazos/ de un lado de mí/ y del otro// parecen decirle al aire/ que algún día// yo/ saldré volando,/ volando”. Quizá la parte más floja poéticamente hablado, pues el libro mantiene una coherencia en las imágenes de Gabriel Pacheco.
Dana Gelinas expone su punto de vista sobre las uñas, Natalia Toledo en zapoteco y castellano habla sobre el sexo de los infantes bajo los títulos La flor de los niños y La flor de las niñas, a Eduardo Hurtado le asignaron descifrar el código de las piernas, y lo logra de buena manera: “Las piernas son alegres:/ circulan, trepan, bailan,// se ponen de rodillas/ para chocar canicas/ o recoger arañas”
La rodilla ubica buen interlocutor en Edgar Valencia: “De frente pareciera una naranja/ fresca y lista para el jugo;/ por detrás un plato hondo no muy hondo,/ y por un lado la cima/ de una montaña intrépida y cercana”. Y cierra Antonio Deltoro, poeta que no teme hablar de los pies como un acto de reflexión: “Ahora tú caminas con dos pies:/ antes, a gatas, no podías/ caminar/ y mirar las nubes,/ las estrellas, los pájaros,/ ni cargar tus juguetes,/ ni montar un caballo”.
Hago de voz un cuerpo es una recomendación para encaminar a los niños y jóvenes a la poesía y el conocimiento de una forma diferente del cuerpo humano. Sin embargo es bueno señalar algunas observaciones del libro-objeto: las ilustraciones colaboran en la idea central del volumen, pero hay por momentos un exceso de vacíos en ciertas páginas, con poemas que bien pudieron hallar acomodo en una sola página y se vieron entrecortados; el libro pudo haber sido más compacto en el número de páginas pero más eficiente en su intención.
Además, en algunos casos, como en la portadilla de Natalia Toledo, es muy difícil leer el nombre de la autora pues la combinación de colores no fue la más lograda. En lo que respecta a la obra poética, hay escritores que pensaron en un público diferente al de sus pares, la intención y el lenguaje son muestra de ello, empero, esto no detiene la buena hechura poética, eso es aparte. Aunque sabemos que la mejor opinión será la de los niños y jóvenes que lo lean.
María Baranda (antóloga) y Gabriel Pacheco (ilustrador). Hago de voz un cuerpo, Fondo de Cultura Económica (col. Los especiales de A la orilla del viento), México, 2007, pp. 150.
Poetas reconocidos se dan cita en estas páginas que llevan un orden que va de la cabeza a los pies. Inaugura el volumen David Huerta quien recomienda: “Cuídala. Sé lo que te digo./ No la pierdas, no la apuestes:/ no la escondas ni la prestes./ (Quizá es tu mejor amigo…)”, le sigue Francisco Hinojosa quien habla sobre los ojos y Eduardo Langagne en su disertación acerca de la nariz y su contenido: “los mocos son caballeros/ que al salir lucen felices:/ no son dos nuestras narices,/ sí son dos sus agujeros”.
Francisco Segovia sobre la lengua señala: “Esto es lo que ha hecho la lengua/ tras de los labios cerrados.// Una luna que no mengua/ en la noche de la boca…// Tras los labios apretados,/ una luna eterna, loca…”, también se da tiempo para exponer sobre los pelos de bruja. Fabio Morábito escribe acerca de las orejas, pero va más allá: “para oír el silencio no te tapes las orejas/ oirás la sangre que corre por tus venas// para oír el silencio aguza los oídos/ escúchalo una vez y no vuelvas a oírlo”.
Héctor Carreto es el encargado de escribir sobre el cuello, a Coral Bracho le ha tocado el pecho; Alfonso D’Aquino comparte su lectura de las manos y de algo que califica como Tambor de sol: “Y en el tronco de mi cuerpo/ tañe por fuera y por dentro,/ como retumba en el viento/ el tambor del universo… Todas las cosas/ te atraen…”. Similar sucede con Elsa Cross y su centro del mundo.
La antóloga María Baranda no queda fuera (comparto con aquellos que señalan que es de mal gusto que los antólogos se incluyan, pero bueno, qué le vamos a hacer), habla sobre Mis brazos, Mis dos mitades y Mis codos, de los primeros dice: “Mis brazos, mis brazos/ de un lado de mí/ y del otro// parecen decirle al aire/ que algún día// yo/ saldré volando,/ volando”. Quizá la parte más floja poéticamente hablado, pues el libro mantiene una coherencia en las imágenes de Gabriel Pacheco.
Dana Gelinas expone su punto de vista sobre las uñas, Natalia Toledo en zapoteco y castellano habla sobre el sexo de los infantes bajo los títulos La flor de los niños y La flor de las niñas, a Eduardo Hurtado le asignaron descifrar el código de las piernas, y lo logra de buena manera: “Las piernas son alegres:/ circulan, trepan, bailan,// se ponen de rodillas/ para chocar canicas/ o recoger arañas”
La rodilla ubica buen interlocutor en Edgar Valencia: “De frente pareciera una naranja/ fresca y lista para el jugo;/ por detrás un plato hondo no muy hondo,/ y por un lado la cima/ de una montaña intrépida y cercana”. Y cierra Antonio Deltoro, poeta que no teme hablar de los pies como un acto de reflexión: “Ahora tú caminas con dos pies:/ antes, a gatas, no podías/ caminar/ y mirar las nubes,/ las estrellas, los pájaros,/ ni cargar tus juguetes,/ ni montar un caballo”.
Hago de voz un cuerpo es una recomendación para encaminar a los niños y jóvenes a la poesía y el conocimiento de una forma diferente del cuerpo humano. Sin embargo es bueno señalar algunas observaciones del libro-objeto: las ilustraciones colaboran en la idea central del volumen, pero hay por momentos un exceso de vacíos en ciertas páginas, con poemas que bien pudieron hallar acomodo en una sola página y se vieron entrecortados; el libro pudo haber sido más compacto en el número de páginas pero más eficiente en su intención.
Además, en algunos casos, como en la portadilla de Natalia Toledo, es muy difícil leer el nombre de la autora pues la combinación de colores no fue la más lograda. En lo que respecta a la obra poética, hay escritores que pensaron en un público diferente al de sus pares, la intención y el lenguaje son muestra de ello, empero, esto no detiene la buena hechura poética, eso es aparte. Aunque sabemos que la mejor opinión será la de los niños y jóvenes que lo lean.
María Baranda (antóloga) y Gabriel Pacheco (ilustrador). Hago de voz un cuerpo, Fondo de Cultura Económica (col. Los especiales de A la orilla del viento), México, 2007, pp. 150.
jueves, 8 de mayo de 2008
Viajes
Amigos van a Francia, otros recién regresan de Argentina y Chile, uno más va llegando de Jerusalén y otro narra sus aventuras en los teatros de Broadway. Sin duda que los viajes ilustran, y una extensión de los viajes son las charlas que se hacen a los amigos. Las narraciones bien condimentadas que hacen por momentos imaginar que uno también estuvo allí. Celebro la narración oral (recuerdo un libro de Margrit Frenk al respecto), sobre todo cuando es tan divertida y bien condimentada. También recordé a una persona que me contaba buenas historias cada vez que llegaba tarde a nuestra cita, algunos les llaman pretextos, pero creo que son también parte del mismo viaje.
miércoles, 7 de mayo de 2008
Poetas
Anoche (la oscuridad y el poco reflejo de sonidos resultan un buen momento para la lectura) emprendí el andar por versos de diferentes poetas. La lectura es un ejercicio lúdico por naturaleza. A mis manos llegaron poemas de Lucía Rivadeneyra, Marco Antonio Campos, Rolando Rosas Galicia y Rubén Reyes Ramírez. A todos los he leído en diferentes obras y momentos. A cada uno le daré su tiempo llegado el momento, por lo pronto no puedo dejar de mencionar la calidad del yucateco Reyes Ramírez, quien además es una muestra fehaciente de valor frente a la vida. Quienes lo lean y sepan un poco de él, sabrán por qué, quienes no, acepten esta invitación para que se adentren a esas imágenes que tan bien plasma, a la escenografía que más de uno quisiera hacer realidad. Sus libros se encuentran editados en la UAM y Gobierno del Estado de Yucatán, entre otros.
martes, 6 de mayo de 2008
Provecho al asueto
Los días de asueto se aprovechan de diferentes formas. Algunos prefieren salir a divertirse y otros quedarse a disfrutar su casa, pues casi nunca están. Me anoto en la lista de los segundos. Además ese contexto da espacio para realizar actividades que en la vida cotidiana no hacemos tan seguido, o postergamos por lo mismo. Una de estas actividades que había pospuesto es trabajar algunos escritos que traigo desde hace años ya. Pero ahora, entre lecturas de novelas coreanas, otra obra de un periodista sinaloense, la familia (tanto propia como ajena) y demás, me di oportunidad de darle más forma a algunos poemas de los que extraigo el siguiente que ahora quiero compartir.
La estrechez del paraíso
¿Enfrente?, ¿qué hay delante
que no tengas?
Todos los círculos son por ti conocidos
el vórtice, el crisantemo, una lluvia
de auroras en celo, tú ya conoces eso.
Lo has visto, han penetrado en tu lecho,
más de una vez los sentidos
fueron objeto de prudentes cortejos.
Qué hay cuando avanzas, qué sigue,
las cavidades del poema las sabes,
probaste ya también las mieles del triunfo,
el pulimento de una llaga, la miseria
que le aguarda en su hogar al pordiosero;
has sido capaz ya de enfrentar los demonios
de la intimidad económica, de la pobreza extrema;
tus sentidos ubican el quejido del viento,
tus ojos ya vieron la curvatura del ocaso,
incluso sabes y conoces las dudas de los muertos,
la estrechez del paraíso.
¿Qué hay adelante, de frente?
todo te pertenece, incluso el tacto de esta tierra
tiene una ríspida cuerda que la ata a tu muñeca.
Deja que la incertidumbre se ocupe tan sólo
de colocar los tributos en el sitio que más convenga
al amputado conocimiento que te espera.
¿Enfrente?, ¿qué hay delante
que no tengas?
Todos los círculos son por ti conocidos
el vórtice, el crisantemo, una lluvia
de auroras en celo, tú ya conoces eso.
Lo has visto, han penetrado en tu lecho,
más de una vez los sentidos
fueron objeto de prudentes cortejos.
Qué hay cuando avanzas, qué sigue,
las cavidades del poema las sabes,
probaste ya también las mieles del triunfo,
el pulimento de una llaga, la miseria
que le aguarda en su hogar al pordiosero;
has sido capaz ya de enfrentar los demonios
de la intimidad económica, de la pobreza extrema;
tus sentidos ubican el quejido del viento,
tus ojos ya vieron la curvatura del ocaso,
incluso sabes y conoces las dudas de los muertos,
la estrechez del paraíso.
¿Qué hay adelante, de frente?
todo te pertenece, incluso el tacto de esta tierra
tiene una ríspida cuerda que la ata a tu muñeca.
Deja que la incertidumbre se ocupe tan sólo
de colocar los tributos en el sitio que más convenga
al amputado conocimiento que te espera.
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