Crisis en Grecia
Víctor Ivanovici, académico de la Universidad Aristóteles de Salónica, hace un balance de la situación económica y social que se vive en estos días en esa tierra tan llena de historia
La Universidad Aristóteles de Salónica está situada en la ciudad del mismo nombre, segunda en importancia de Grecia, sólo detrás de Atenas. Desde allí, el profesor de literatura Víctor Ivanovici hace un balance de la situación económica y social que se vive en estos días en esa tierra tan llena de historia. Más de 400 mil habitantes conviven con las edificaciones clásicas como las iglesias de San Demetrio, San Jorge y Santa Sofía. El catedrático hace un balance puntual de la situación política, por orden de gravedad: “primero, los malos gobiernos que padece el Estado griego desde que existe (1830)”. Nacido en Tulcea, Rumania, en 1947, enuncia al “populismo distributivo de la administración socialista (PASOK), a finales de los ochenta, y a la incapacidad y las malversaciones del último gobierno de centroderecha (Nueva Democracia). Y tercera, la corrupción arraigada que incluso corrompe a quien no roba, pero tolera que otros lo hagan”.
Incluso el traductor del griego, rumano, español, francés, portugués, catalán e italiano, va más allá en el comentario: “y hay otra corrupción más sutil y peligrosa que ésta, que consiste en apañárselas con el inmovilismo e incluso sacar provecho del mismo”.
Una razón más es el modelo económico europeo con el euro como moneda única que, ante una política económica común o coordinada, genera problemas en algunos países.
Como ahora en Grecia, pues, desde la perspectiva del profesor, “si la economía griega colapsa, es de esperar un efecto de dominó que afecte en primer término al sur más débil (España, Portugal, Italia) y luego a toda la zona del euro”. La sinceridad le gana en el comentario al autor de Gabriel García Márquez y su reino de Macondo, entre otros: “prefiero no imaginarme lo que pueda pasar en tal caso”.
La visión abarca todo el viejo continente: “en cuanto Europa se decida finalmente a ser Europa y no un amasijo de Estaduchos que tiran cada uno por su lado, se pueden reducir al mínimo el margen de decisión de su clase política inepta y corrupta”.
La violencia desmedida
En las aulas, Ivanovici enseña Literatura Hispánica, Traductología (Crítica y Metodología de la Traducción) y Literatura Europea, por ello ve cómo la violencia real empieza a superar a la ficción. Y es que la violencia tiende a crecer, el incremento puede deberse desde su óptica a “la incultura política de las masas y la opción de la izquierda por pescar en aguas revueltas, defendiendo el establishment gremial”.
Se le inquiere sobre el papel de la clase universitaria en este contexto. Su respuesta no es muy halagadora para el sector. “¿Qué puede esperarse de una clase universitaria indigente institucional e individualmente (lo cual redunda en su poca monta social): del profesorado de una universidad sometida al populismo y al mercantilismo globalizado, sumado a un alumnado que, amén de ignaro (por la dramática baja del nivel de la educación secundaria), que se deja manipular por las consignas populistas que agitan el mundo extrauniversitario?
Ganar en la crisis
Sin embargo, también observa ciertas alternativas: “en lo práctico, apretar el cinturón y los dientes, y cumplir con el programa de estabilización que, a pesar de cruel y quizá injusto, no tiene alternativa. En lo filosófico, recordar que en griego crisis, amén de lo que significa en varios otros idiomas, también quiere decir juicio o evaluación crítica. Si de la crisis logramos sacar una crisis de nosotros mismos y del mundo en que vivimos, hasta saldremos ganando”.
Aparecido en CAMPUS de Milenio Diario el jueves 27 de mayo de 2010.
sábado, 29 de mayo de 2010
viernes, 9 de abril de 2010
El fondo y forma de las alianzas políticas
El debate sobre las alianzas de partidos políticos opositores ha tenido diferentes tonos, comentarios y ahora consecuencias. El mundo de la opinión se ha dejado llevar con la visión centralista que da la lectura de los diarios nacionales, donde percibimos los centrícolas un gobierno emanado del Partido de la Revolución Democrática (PRD) en la capital, un gobierno federal de origen en el Partido Acción Nacional (PAN) en la residencia oficial de Los Pinos, y un poder Legislativo dominado por el Partido Revolucionario Institucional (PRI), por lo cual algunos suponen que así es en todo el territorio nacional, mas pocas veces se analiza el contexto local para comprender en verdad el espíritu democrático de una alianza como las que están gestando el PAN y el PRD principalmente en algunas entidades como Durango, Oaxaca, Hidalgo, Puebla y Sinaloa.
Resulta necesario señalar ciertos puntos sobre las alianzas y las experiencias que ha habido en México: primero, el candidato que ha triunfado ha sido ex priista, como en su caso lo fue Antonio Echevarría en Nayarit en 1999 con la alianza PAN-PRD-PT-PRS, así como Pablo Salazar Mendiguchía un año después con la Alianza por Chiapas integrada por el PRD-PAN-PTPVEM- PCD-PAS-CD-PSN, algunas de estas instituciones ya incluso desaparecidas.
Si, por el contrario, quien encabeza la alianza proviene de una fuerza partidista propia, es más probable el fracaso. Ejemplo de esto último tenemos al actual diputado Javier Corral, quien en 2004 abanderó la alianza “Todos Somos Chihuahua” integrada por el PANPRD- Convergencia, que buscaba la gubernatura y fue rebasado por el actual gobernador José Reyes Baeza.
Aunque nunca está de más citar los hechos históricos que ubican en la elección presidencial de 1988 una alianza opositora (si bien todos de izquierda) encabezada por Cuauhtémoc Cárdenas que tuvo grandes posibilidades de triunfo y que ahora forma de alguna manera parte importante en este crucigrama político.
El segundo punto es que todas las candidaturas de los cargos en disputa deben ser aliancistas, suena lógico pero este detalle genera problemas sobre todo porque siembra confusión entre la ciudadanía al momento de votar. El mayor riesgo radica en la repartición dentro de quienes conforman las alianzas. La candidatura por sí misma es un logro, el triunfo o fracaso es otra historia.
Tercero, el tejido fino de los acuerdos para asegurar en la medida de lo posible que todos van a apoyar, incluidos aquellos que no quedaron como elegidos. Aunque este punto aplica a todos los partidos incluso cuando van solos en la elección, el PRI tiene experiencia, cuando sale fortalecido bajo la lógica del candidato de unidad no hay quien detenga la maquinaria. Al contrario, un mal amarre genera fisuras que fragmentan el trabajo y ponen en riesgo la victoria. De ese rompimiento se nutren las filas de quienes encabezan luego la oposición.
Nada asegura que en la alianza todos sumen. Alianzas entre personajes de los partidos políticos claro, porque no hay que dejar de lado otros poderes fácticos como la iglesia o los empresarios que también tienen cupo en este escenario, quienes están conscientes de que los problemas internos locales al momento de postular candidatos pueden marcar la diferencia.
Como sabemos las elecciones se ganan con votos, y los cuadros que se trabajan por años en las secciones, los distritos locales así como en las alcaldías, son una parte sustancial del resultado; si no se logra un arreglo tajante, la simulación puede debilitar cualquier coalición o acuerdo.
Se deben cuidar más que nunca a detalle los puntos que quizá antes no tenían tanto lucimiento o requerían mayúscula iluminación, como por ejemplo la capacitación de los representantes en las casillas, el reparto de los recursos, el perfil netamente jurídico del proceso, la movilización el día de la jordana electoral, la producción y colocación de publicidad, la propuesta discursiva, entre otros.
Veamos los resultados en el caso particular de la próxima elección para gobernador en Durango. La gubernatura de hace seis años arrojó el siguiente resultado: PRI 260 mil 546 votos con un 52.6 por ciento; PAN 155 mil 666 votos con un 31.4 por ciento; PRD-PT-Convergencia 49 mil 430 votos con un 10 por ciento, Partido Duranguense 14 mil 350 votos con un 2.9 por ciento y 10 mil 90 votos nulos con un 2.4 por ciento. En una suma rápida bajo este sólo resultado vemos que la alianza opositora no le llega al partido que llevó a Ismael Hernández Deras al Palacio de Gobierno.
Pero vamos a los resultados de años anteriores, en el 2009 para diputado federal, el PRI ganó los cuatro distritos, el resultado fue: PRI 247 mil 336 votos con un 51.54 por ciento; PAN 117 mil 380 votos con un 24.4 por ciento; PT-Convergencia 32 mil 608 votos con un 6.8 por ciento, PVEM 24 mil 252 votos con un 5 por ciento y hasta el fondo el PRD con 22 mil 248 votos con un 4.6 por ciento.
Tres años antes la competencia estuvo más cerrada por el mismo cargo, incluso el PAN obtuvo una diputación, y las otras 3 el PRI-PVEM, los resultados fueron: PRIPVEM 219 mil 216 votos con un 38.8 por ciento; PAN 212 mil 385 votos con un 37.6 por ciento y PRD-PT-Convergencia 95 mil 754 votos con un 16.9 por ciento.
Y una tercera medición, para sentir el pulso más cercano es el de diputados locales y alcaldes, en el caso de los primeros en 2007 el PRI por su propia cuenta obtuvo 10 distritos y en alianza con el PANAL y el PD otros 5, los resultados de votos totales fueron: PRI 114 mil 394 votos con un 31.6 por ciento; PRI-PANAL-PD 80 mil 526 votos con un 17.6 por ciento; PAN 167 mil 546 votos con un 36.6 por ciento; PRD 18 mil 838 votos con un 4.1 por ciento y PT-Convergencia con 20 mil 513 votos y un 4.5 por ciento. En el caso de alcaldes se repartieron de la siguiente forma: para el PRI-PANAL-PD 9, PRI-PANAL 8, PT-Convergencia 1, PRD 2 y PAN 9.
Con estos números podemos entender que, por un lado, los resultados históricos dan una señal de hacia dónde se ha inclinado la balanza, ya sea por un liderazgo muy marcado, por un candidato de peso o por una decepción, alimentada esta última sobre todo por un alcalde o diputado local mal calificado, mal evaluado, mal querido, pudiendo provocar que el voto en este sector mire hacia otro sentido. O en su defecto emanado por un ánimo de cambio entre la gente, máxime en entidades donde aún no se ha dado la alternancia.
A hora bien, hay que observar los casos donde ha habido declinaciones de candidatos a favor de otros, cuánto realmente han sumado, entendida ésta como una alianza de facto y no formal. El año pasado en Campeche, el candidato a gobernador del PRD, Francisco Brown Gantús a pocos días de la elección se retiró de su opción y apoyó la campaña del candidato del Acción Nacional: Mario Ávila; el PRD traía alrededor de 3 por ciento en las encuestas, y su resultado final fue de 0.8 por ciento, con la misma información podemos observar que uno de esos puntos se fue al PAN y el otro al de la alianza PRI-PANAL que llevó a Fernando Ortega Bernés a la gubernatura. El objetivo en suma no fructificó.
Esto nos lleva al lugar común de que no necesariamente suman los votos de los partidos políticos que conforman una alianza. Habría que preguntar, en esta generación de tantas encuestas, si los panistas del voto duro (que no todos son de extrema derecha), votarían a favor de un candidato que lleva también las siglas y colores del perredismo; o si los radicales que siguen a Andrés Manuel López Obrador apoyarán la opción que encabece alguien que representa a una clase como la del presidente Felipe Calderón o al del ex presidente Vicente Fox.
A lo cual se debe agregar las calificaciones altas de rechazo que tiene el partido del sol azteca en buena parte del país, una carga que le pesará al PAN a final de cuentas. Porque si bien es cierto que el fin justifica los medios: legalmente, esto es, dentro del orden jurídico existe espacio viable para la alianza, el detalle quizá se ubique en que lo que no se estipula en el margen legal se deja de lado: esperanzas, valores, creencias, filosofías, perfiles, liderazgos. Máxime, como estamos viendo, cuando la alianza tienen como eje de comunicación la destrucción del otro, del enemigo, dejando de lado la construcción de un modelo de desarrollo estatal diferente que en verdad beneficie a la gente. La idea central del cambio en su máxima expresión, sin fundamento de fondo, sólo la forma de que sean otros colores porque los que están ya aburrieron, porque los que van a concluir su periodo ya son y se sienten caducos, porque la gente que los enarbola representa el pasado, y ahora, ha llegado el momento de ver más allá.
La propuesta, pues, es el derrocamiento de un supuesto mal, con el complemento de la llegada de un cambio enarbolada por una mezcla de colores e ideologías diversas. Como ya se ha mencionado, en esa mezcla interna de la alianza nada garantiza que los derrotados en las batallas por las candidaturas trabajen en sus distritos, ayuntamientos o zona de influencia.
El punto de negociación se limita, porque si bien cuando es una sola la fuerza partidista donde se realizan las negociaciones, caben siempre las promesas a futuro, “en la siguiente te toca”, pero qué se promete cuando se forma una alianza, esto no siempre queda tan claro y genera fricciones. Los espacios a repartir son limitados por más que se traten de expandir: candidaturas, puestos en el gabinete, prebendas en programas sociales, espacios en el mismo partido, entre otras, tienen etiqueta y se deben cumplir compromisos.
O bien se pueden destinar plazas de menor rango en la negociación para mejorar la posición, pero la repartición nunca deja satisfecho a nadie; de allí que desde antes de empezar hay quienes se sienten derrotados y deciden mejor ir por sí solos pues de esa forma pueden tener más beneficios, como el caso Partido del Trabajo en Durango y Zacatecas.
Además de todo lo anterior, hay que señalar como cuarto y último punto el poder de los gobernadores en sus estados. Ante la ausencia de un presidente priista, los gobernadores tricolores han cobrado un grado de influencia mayúsculo, y su músculo de operación y decisión es el que inclina la balanza, para muestra hay que ver las llamadas nominaciones “precandidaturas de unidad”.
Aunque como dato fundamental también hay que observar que los casos donde han ganado las coaliciones han sido con un gobernador saliente priista mal calificado, y actualmente quien cubre ese perfil es Ulises Ruiz en Oaxaca, no en balde allí es donde están aterrizando más apoyos para la causa aliancista, mientras que en otros es más bien de brillo artificial.
En definitiva, hay que calibrar en las próximas elecciones cuánto en verdad suma una alianza, sus protagonistas y personajes de reparto, así como preguntarnos qué le deja a una ciudadanía que se decidirá por propuestas que se perfilan más hacia la acusación que hacia la construcción. Si aumenta o disminuye la participación de la ciudadanía con la presencia de la alianza.
Sin dejar de lado el laboratorio que significa para la antesala de la elección presidencial del 2012, la cual cada día está más cerca, aunque para llegar a ese piso hacen falta algunos escalones. Algunos de ellos se levantarán en julio. Los líderes de los partidos lo saben y en medida de ello están actuando o reaccionando.
Texto aparecido en la revista METAPOLÍTICA del actual número abril-junio 2010.
Resulta necesario señalar ciertos puntos sobre las alianzas y las experiencias que ha habido en México: primero, el candidato que ha triunfado ha sido ex priista, como en su caso lo fue Antonio Echevarría en Nayarit en 1999 con la alianza PAN-PRD-PT-PRS, así como Pablo Salazar Mendiguchía un año después con la Alianza por Chiapas integrada por el PRD-PAN-PTPVEM- PCD-PAS-CD-PSN, algunas de estas instituciones ya incluso desaparecidas.
Si, por el contrario, quien encabeza la alianza proviene de una fuerza partidista propia, es más probable el fracaso. Ejemplo de esto último tenemos al actual diputado Javier Corral, quien en 2004 abanderó la alianza “Todos Somos Chihuahua” integrada por el PANPRD- Convergencia, que buscaba la gubernatura y fue rebasado por el actual gobernador José Reyes Baeza.
Aunque nunca está de más citar los hechos históricos que ubican en la elección presidencial de 1988 una alianza opositora (si bien todos de izquierda) encabezada por Cuauhtémoc Cárdenas que tuvo grandes posibilidades de triunfo y que ahora forma de alguna manera parte importante en este crucigrama político.
El segundo punto es que todas las candidaturas de los cargos en disputa deben ser aliancistas, suena lógico pero este detalle genera problemas sobre todo porque siembra confusión entre la ciudadanía al momento de votar. El mayor riesgo radica en la repartición dentro de quienes conforman las alianzas. La candidatura por sí misma es un logro, el triunfo o fracaso es otra historia.
Tercero, el tejido fino de los acuerdos para asegurar en la medida de lo posible que todos van a apoyar, incluidos aquellos que no quedaron como elegidos. Aunque este punto aplica a todos los partidos incluso cuando van solos en la elección, el PRI tiene experiencia, cuando sale fortalecido bajo la lógica del candidato de unidad no hay quien detenga la maquinaria. Al contrario, un mal amarre genera fisuras que fragmentan el trabajo y ponen en riesgo la victoria. De ese rompimiento se nutren las filas de quienes encabezan luego la oposición.
Nada asegura que en la alianza todos sumen. Alianzas entre personajes de los partidos políticos claro, porque no hay que dejar de lado otros poderes fácticos como la iglesia o los empresarios que también tienen cupo en este escenario, quienes están conscientes de que los problemas internos locales al momento de postular candidatos pueden marcar la diferencia.
Como sabemos las elecciones se ganan con votos, y los cuadros que se trabajan por años en las secciones, los distritos locales así como en las alcaldías, son una parte sustancial del resultado; si no se logra un arreglo tajante, la simulación puede debilitar cualquier coalición o acuerdo.
Se deben cuidar más que nunca a detalle los puntos que quizá antes no tenían tanto lucimiento o requerían mayúscula iluminación, como por ejemplo la capacitación de los representantes en las casillas, el reparto de los recursos, el perfil netamente jurídico del proceso, la movilización el día de la jordana electoral, la producción y colocación de publicidad, la propuesta discursiva, entre otros.
Veamos los resultados en el caso particular de la próxima elección para gobernador en Durango. La gubernatura de hace seis años arrojó el siguiente resultado: PRI 260 mil 546 votos con un 52.6 por ciento; PAN 155 mil 666 votos con un 31.4 por ciento; PRD-PT-Convergencia 49 mil 430 votos con un 10 por ciento, Partido Duranguense 14 mil 350 votos con un 2.9 por ciento y 10 mil 90 votos nulos con un 2.4 por ciento. En una suma rápida bajo este sólo resultado vemos que la alianza opositora no le llega al partido que llevó a Ismael Hernández Deras al Palacio de Gobierno.
Pero vamos a los resultados de años anteriores, en el 2009 para diputado federal, el PRI ganó los cuatro distritos, el resultado fue: PRI 247 mil 336 votos con un 51.54 por ciento; PAN 117 mil 380 votos con un 24.4 por ciento; PT-Convergencia 32 mil 608 votos con un 6.8 por ciento, PVEM 24 mil 252 votos con un 5 por ciento y hasta el fondo el PRD con 22 mil 248 votos con un 4.6 por ciento.
Tres años antes la competencia estuvo más cerrada por el mismo cargo, incluso el PAN obtuvo una diputación, y las otras 3 el PRI-PVEM, los resultados fueron: PRIPVEM 219 mil 216 votos con un 38.8 por ciento; PAN 212 mil 385 votos con un 37.6 por ciento y PRD-PT-Convergencia 95 mil 754 votos con un 16.9 por ciento.
Y una tercera medición, para sentir el pulso más cercano es el de diputados locales y alcaldes, en el caso de los primeros en 2007 el PRI por su propia cuenta obtuvo 10 distritos y en alianza con el PANAL y el PD otros 5, los resultados de votos totales fueron: PRI 114 mil 394 votos con un 31.6 por ciento; PRI-PANAL-PD 80 mil 526 votos con un 17.6 por ciento; PAN 167 mil 546 votos con un 36.6 por ciento; PRD 18 mil 838 votos con un 4.1 por ciento y PT-Convergencia con 20 mil 513 votos y un 4.5 por ciento. En el caso de alcaldes se repartieron de la siguiente forma: para el PRI-PANAL-PD 9, PRI-PANAL 8, PT-Convergencia 1, PRD 2 y PAN 9.
Con estos números podemos entender que, por un lado, los resultados históricos dan una señal de hacia dónde se ha inclinado la balanza, ya sea por un liderazgo muy marcado, por un candidato de peso o por una decepción, alimentada esta última sobre todo por un alcalde o diputado local mal calificado, mal evaluado, mal querido, pudiendo provocar que el voto en este sector mire hacia otro sentido. O en su defecto emanado por un ánimo de cambio entre la gente, máxime en entidades donde aún no se ha dado la alternancia.
A hora bien, hay que observar los casos donde ha habido declinaciones de candidatos a favor de otros, cuánto realmente han sumado, entendida ésta como una alianza de facto y no formal. El año pasado en Campeche, el candidato a gobernador del PRD, Francisco Brown Gantús a pocos días de la elección se retiró de su opción y apoyó la campaña del candidato del Acción Nacional: Mario Ávila; el PRD traía alrededor de 3 por ciento en las encuestas, y su resultado final fue de 0.8 por ciento, con la misma información podemos observar que uno de esos puntos se fue al PAN y el otro al de la alianza PRI-PANAL que llevó a Fernando Ortega Bernés a la gubernatura. El objetivo en suma no fructificó.
Esto nos lleva al lugar común de que no necesariamente suman los votos de los partidos políticos que conforman una alianza. Habría que preguntar, en esta generación de tantas encuestas, si los panistas del voto duro (que no todos son de extrema derecha), votarían a favor de un candidato que lleva también las siglas y colores del perredismo; o si los radicales que siguen a Andrés Manuel López Obrador apoyarán la opción que encabece alguien que representa a una clase como la del presidente Felipe Calderón o al del ex presidente Vicente Fox.
A lo cual se debe agregar las calificaciones altas de rechazo que tiene el partido del sol azteca en buena parte del país, una carga que le pesará al PAN a final de cuentas. Porque si bien es cierto que el fin justifica los medios: legalmente, esto es, dentro del orden jurídico existe espacio viable para la alianza, el detalle quizá se ubique en que lo que no se estipula en el margen legal se deja de lado: esperanzas, valores, creencias, filosofías, perfiles, liderazgos. Máxime, como estamos viendo, cuando la alianza tienen como eje de comunicación la destrucción del otro, del enemigo, dejando de lado la construcción de un modelo de desarrollo estatal diferente que en verdad beneficie a la gente. La idea central del cambio en su máxima expresión, sin fundamento de fondo, sólo la forma de que sean otros colores porque los que están ya aburrieron, porque los que van a concluir su periodo ya son y se sienten caducos, porque la gente que los enarbola representa el pasado, y ahora, ha llegado el momento de ver más allá.
La propuesta, pues, es el derrocamiento de un supuesto mal, con el complemento de la llegada de un cambio enarbolada por una mezcla de colores e ideologías diversas. Como ya se ha mencionado, en esa mezcla interna de la alianza nada garantiza que los derrotados en las batallas por las candidaturas trabajen en sus distritos, ayuntamientos o zona de influencia.
El punto de negociación se limita, porque si bien cuando es una sola la fuerza partidista donde se realizan las negociaciones, caben siempre las promesas a futuro, “en la siguiente te toca”, pero qué se promete cuando se forma una alianza, esto no siempre queda tan claro y genera fricciones. Los espacios a repartir son limitados por más que se traten de expandir: candidaturas, puestos en el gabinete, prebendas en programas sociales, espacios en el mismo partido, entre otras, tienen etiqueta y se deben cumplir compromisos.
O bien se pueden destinar plazas de menor rango en la negociación para mejorar la posición, pero la repartición nunca deja satisfecho a nadie; de allí que desde antes de empezar hay quienes se sienten derrotados y deciden mejor ir por sí solos pues de esa forma pueden tener más beneficios, como el caso Partido del Trabajo en Durango y Zacatecas.
Además de todo lo anterior, hay que señalar como cuarto y último punto el poder de los gobernadores en sus estados. Ante la ausencia de un presidente priista, los gobernadores tricolores han cobrado un grado de influencia mayúsculo, y su músculo de operación y decisión es el que inclina la balanza, para muestra hay que ver las llamadas nominaciones “precandidaturas de unidad”.
Aunque como dato fundamental también hay que observar que los casos donde han ganado las coaliciones han sido con un gobernador saliente priista mal calificado, y actualmente quien cubre ese perfil es Ulises Ruiz en Oaxaca, no en balde allí es donde están aterrizando más apoyos para la causa aliancista, mientras que en otros es más bien de brillo artificial.
En definitiva, hay que calibrar en las próximas elecciones cuánto en verdad suma una alianza, sus protagonistas y personajes de reparto, así como preguntarnos qué le deja a una ciudadanía que se decidirá por propuestas que se perfilan más hacia la acusación que hacia la construcción. Si aumenta o disminuye la participación de la ciudadanía con la presencia de la alianza.
Sin dejar de lado el laboratorio que significa para la antesala de la elección presidencial del 2012, la cual cada día está más cerca, aunque para llegar a ese piso hacen falta algunos escalones. Algunos de ellos se levantarán en julio. Los líderes de los partidos lo saben y en medida de ello están actuando o reaccionando.
Texto aparecido en la revista METAPOLÍTICA del actual número abril-junio 2010.
martes, 30 de marzo de 2010
De la vida retirada
El dolor se puede traducir en música. Instrumentos que participan en la melancolía son palabras en tránsito de un acontecer menos caótico hacia la vereda que remite a la pausa más deseada, todo ello para saborear, aunque sea por un instante, la frágil sensación de la vida misma.
César Arístides (Ciudad de México, 1967) lo sabe de primera mano, lo palpa en los versos de De la vida retirada, poemario con fortaleza entrelazada, cada una de las secciones tiene el peso idóneo que desestabiliza la balanza que duda al dictar veredicto.
“La anunciación”, “El hundimiento” y “La buenaventura”, guardan unidad gracias a la sensibilidad y al lenguaje decido, el mismo que llama la atención a veces por propio en otras por repulsivo. Movimiento y emoción, coraje en forma de idea, insulto que de nuevo está en camino de destinatario.
El primer reflejo es un llamado a la duda (“qué hará tu sombra en ese instante/ dónde se entibiarán tus manos estropeadas”), para más tarde cercar la santidad estropeada: (“la santa misa y el puto día del juicio final/ Señor lejano y misericordioso”), y llegar al recuerdo del abandono en primera persona: “despierto jalonado por la hilaridad y el frío/ entumido por el sol que dibuja las ausencias/ asumo la intensidad de tu recuerdo/ al borde de tu risa despeñada”.
Por su parte, “El hundimiento” es una sección que por instantes recuerda la compilación Bestiario inmediato (Ediciones Coyoacán, 2000), con la referencia de animales que conforman la escenografía, con elementos que hacen de la naturaleza un actor decidido que le da un aire diferente a los versos.
Y si bien en aquél Arístides sólo publicó suyos dos o tres poemas, la estructura y la idea son un tema que le ha sido inherente desde hace años, por eso no extraña que lo retome ahora en su reciente cita literaria, la cual incluye por supuesto la realidad que sólo percibe el sensible deleite que procura el que mira detenidamente al infinito: “el desaliento resbala/ y mis dedos dibujan en el polvo la caída”.
Al final “La buenaventura” resulta ser ese sanatorio en forma de fotografía, donde un segundo se detiene todo y queda atrapado el dolor, como el remordimiento a veces físico y en otras moral (“los recuerdos en el suelo quebrados por el frío/ abro un libro viejo y las palabras me desprecian”), es el esfuerzo psiquiátrico de la consulta, del medicamento que espera entrar a la escena para darle vigor a un cuerpo.
César Arístides es un poeta con hechura y trabajo, lo demuestra al manejar las formas puras de la rima como el endecasílabo, incluso en su ejemplar anterior, Labios del abismo y la fractura (Conaculta, 2007) dedica un apartado “Fervores y elegías” para acuñar esta disciplina que luce; igual que su manejo en los sonidos y pausas del verso libre, con un enfrentamiento con los signos de puntuación donde el poeta resulta el triunfador.
No hay nada seguro en los gustos, subjetivos como son, los parámetros con los que se lea De la vida retirada pueden ser dispares, pero en lo que sí coincidirán es que provoca, intriga, contagia, y sabe que de su oficio se pueden generar nuevas emociones.
César Arístides. De la vida retirada, Agrupación para las Bellas Artes, México, 2009, pp. 104.
Texto aparecido en la Revista Siempre¡ de esta semana.
César Arístides (Ciudad de México, 1967) lo sabe de primera mano, lo palpa en los versos de De la vida retirada, poemario con fortaleza entrelazada, cada una de las secciones tiene el peso idóneo que desestabiliza la balanza que duda al dictar veredicto.
“La anunciación”, “El hundimiento” y “La buenaventura”, guardan unidad gracias a la sensibilidad y al lenguaje decido, el mismo que llama la atención a veces por propio en otras por repulsivo. Movimiento y emoción, coraje en forma de idea, insulto que de nuevo está en camino de destinatario.
El primer reflejo es un llamado a la duda (“qué hará tu sombra en ese instante/ dónde se entibiarán tus manos estropeadas”), para más tarde cercar la santidad estropeada: (“la santa misa y el puto día del juicio final/ Señor lejano y misericordioso”), y llegar al recuerdo del abandono en primera persona: “despierto jalonado por la hilaridad y el frío/ entumido por el sol que dibuja las ausencias/ asumo la intensidad de tu recuerdo/ al borde de tu risa despeñada”.
Por su parte, “El hundimiento” es una sección que por instantes recuerda la compilación Bestiario inmediato (Ediciones Coyoacán, 2000), con la referencia de animales que conforman la escenografía, con elementos que hacen de la naturaleza un actor decidido que le da un aire diferente a los versos.
Y si bien en aquél Arístides sólo publicó suyos dos o tres poemas, la estructura y la idea son un tema que le ha sido inherente desde hace años, por eso no extraña que lo retome ahora en su reciente cita literaria, la cual incluye por supuesto la realidad que sólo percibe el sensible deleite que procura el que mira detenidamente al infinito: “el desaliento resbala/ y mis dedos dibujan en el polvo la caída”.
Al final “La buenaventura” resulta ser ese sanatorio en forma de fotografía, donde un segundo se detiene todo y queda atrapado el dolor, como el remordimiento a veces físico y en otras moral (“los recuerdos en el suelo quebrados por el frío/ abro un libro viejo y las palabras me desprecian”), es el esfuerzo psiquiátrico de la consulta, del medicamento que espera entrar a la escena para darle vigor a un cuerpo.
César Arístides es un poeta con hechura y trabajo, lo demuestra al manejar las formas puras de la rima como el endecasílabo, incluso en su ejemplar anterior, Labios del abismo y la fractura (Conaculta, 2007) dedica un apartado “Fervores y elegías” para acuñar esta disciplina que luce; igual que su manejo en los sonidos y pausas del verso libre, con un enfrentamiento con los signos de puntuación donde el poeta resulta el triunfador.
No hay nada seguro en los gustos, subjetivos como son, los parámetros con los que se lea De la vida retirada pueden ser dispares, pero en lo que sí coincidirán es que provoca, intriga, contagia, y sabe que de su oficio se pueden generar nuevas emociones.
César Arístides. De la vida retirada, Agrupación para las Bellas Artes, México, 2009, pp. 104.
Texto aparecido en la Revista Siempre¡ de esta semana.
jueves, 11 de marzo de 2010
El periodismo cultural, una mirada crítica a la realidad: Ariel González
Hay que contar con una visión crítica de las cosas, la realidad está allí, debemos ir por ella e interpretarla. Es una práctica en la vida y formación de Ariel González, editor y periodista que acaba de publicar su libro Breviario de correrías. Su formación lo ha llevado de la vida diplomática al lado cultural del periodismo, el cual ha sido una trinchera de bastante prestigio para calibrar el peso del acontecer local, nacional y mundial
El vistazo a la panorámica cultural del país tiene una labor central, porque “brinda una visión de espejo y una visión tanto distante como cercana, de espejo porque es un reflejo y distante porque guarda su perspectiva; entonces, creo que la gente que lee las secciones culturales está buscando una mirada distinta sobre temas y asuntos que están allí. pero de pronto no han sido abordados”, afirma Ariel González, periodista y editor de la sección Cultura de Milenio Diario, quien acaba de publicar Breviario de correrías, compilación de colaboraciones en prensa que han sobrevivido a la dura prueba del tiempo y hoy merecen relectura en forma de libro.
La función de las secciones culturales, en una coyuntura como la actual, puede ofrecer una mirada crítica, lúcida, especial, singular “sobre aquello que nos está martirizando como sociedad, como la violencia, la crisis, la falta de oportunidades, la decadencia institucional, pero creo que esto, desde luego, es sólo una parte, y tampoco puedo suponer que la mirada cultural lo constituye todo; sin embargo, es un mirador desde el cual podemos apreciar un poco lo que al país le ha faltado y le falta; años de mucho desdén, desdén por la cultura, por la situación de millones de mexicanos, de parte de gobiernos que les ha hecho falta una mirada social mucho más coherente, mucho más auténtica”.
Ante esta panorámica, la observación es contundente: “noto muchos silencios que me parecen muy obvios, muy evidentes, más allá de quienes decididamente han señalado faltas, ausencias, errores, de parte de los gobiernos panistas; noto mucho silencio, mucha abulia, mucha condescendencia de parte de nuestra clase intelectual”. La descripción y el análisis son profundos cuando se le cuestiona si hay ausencia de una crítica.
“Ni siquiera falta crítica, falta ánimo de ver las cosas, porque la crítica ya supone un ánimo distinto, y en este caso hay gente absolutamente indiferente, hay una gran indeferencia por más que marquen las cosas”. Lo señala alguien quien se reúne con esa clase política que toma decisiones y los ha escuchado decir "¡qué mal está el gobierno panista, qué horror!", pero también reclama porque jamás escriben, jamás pintan, jamás hacen nada relacionado con esta crítica, “me refiero a las grandes personalidades de la cultura mexicana. Hay una especie de inteligencia becaria” (término utilizado por Ariel González desde hace años).
El buen ánimo sobre los días que se avecinan intenta salir, sabiendo que “mucho de lo que nos va a ocurrir no podrá ser bueno. Con todo, soy optimista, hemos vivido ya situaciones muy difíciles, vamos a entrar a una etapa en la cual seguro habrá gente nueva, gente más perceptiva; creo que lo que viene no puede ser peor, contra todo lo que nuestras vísceras y nuestra experiencia personal crea interpretar”.
En internet, todo y nada
La inmediatez que nos ofrece la red de redes lleva al periodista a la reflexión: “en internet está todo y nada, no es casual que en Wikipedia existan cosas que estás buscando, pero tampoco sería raro que se equivocara o que le añadiera información o personajes que no deberían estar allí o en ninguna enciclopedia, es decir, la edición sigue siendo una parte sustantiva del trabajo periodístico”, misma edición que hace posible tener publicaciones como la Enciclopedia Británica o las hechas en las instituciones, por ejemplo las que alimenta el Estado: “si no fuera porque el Estado mexicano en algún momento dado ha recuperado la obra de un pintor o de un autor determinado, pues de pronto no sólo no estaría en la Wikipedia, sino seguramente no estaría en la Británica”.
“Creo que los medios en la inmediatez y en internet falsifican, desde luego, muchas cosas, porque el maquinazo permite que recuperes de inmediato fuentes fáciles; las fuentes fáciles que nos brinda internet son muchas veces las más engañosas, aunque no siempre, también hay que reconocerlo, por eso dije, en internet hay de todo, todo lo malo y todo lo bueno”.
Y cabe la autocrítica: “deberíamos ser muy cuidadosos, yo me cuido mucho de esa parte, prefiero ir a los libros, a los autores y, sin embargo, internet es una herramienta que está todo el tiempo, hay que consultarla, visitarla y no dejar de consultar sus fuentes”.
Las correrías
El libro de Ariel González se regodea en esa línea imaginaria que existe entre la literatura y el periodismo; las páginas que lo conforman, los textos que le dan vida, fueron escritos bajo presión y nutridos gracias a los pulsos, las tensiones, nerviosismo, y las grandes cosas que la literatura brinda siempre. “Quien desde la perspectiva periodística sigue la dinámica de la literatura, de los escritores, de los autores, creo que tienen la oportunidad de ser también partícipe de algún modo de estas características”, afirma el escritor.
En Breviario de correrías se dan cita textos con idea y sentimiento, que reflejan calidad de lecturas, reflexión alejada de la inmediatez, trabajados con el perfil periodístico de antaño; análisis que refresca con la relectura, escritura que desconoce el vértice de separación de la literatura y el oficio de la redacción, que permanecerá como un elemento provocador. Por ejemplo sus viajes en Rusia, Alemania, China, su estancia en Argentina, caminar por las mismas calles donde Borges imaginó mundos diferentes, saludar a Bioy Casares sabiendo el peso de su talento en la literatura mundial. Y reencontrar la esencia de Paul Bowles en su libro El cielo protector para saber diferenciarse de turista promedio y ser un viajero total.
Incluso, se da espacio para brindar un consejo a los jóvenes universitarios, en especial a quienes se quieren dedicar al periodismo, aunque aplica para cualquier profesión: “vean el país con ojos muy abiertos, con ojos muy críticos, lo cual no significa dirigir los dardos contra uno o contra otro; crítico quiere decir simplemente siempre sopesar la realidad y la realidad es muy fuerte, es impresionante. Entonces, hay que medirla con una cinta de buen tamaño para ver las cosas con otro tamiz, porque el principal asunto es que la realidad está allí, pero hay que saber cómo abordarla”.
Finalmente, Ariel González habla de la línea invisible entre la literatura: “todo el tiempo he creído y sostenido que el periodismo se nutre todo de los pulsos, de las tensiones, del nerviosismo, de las grandes cosas que la literatura ofrece invariablemente. Quien desde la perspectiva periodística sigue la dinámica de la literatura, de los escritores, de los autores, tiene la oportunidad de ser también partícipe de algún modo de estas características. Entonces, no me avergüenza, al contrario, me enorgullece pensar que desde una redacción uno puede estar pendiente de las cosas que están sucediendo en el ámbito cultural, y ésa ha sido una de las principales motivaciones por las cuales yo escribí muchos de los textos que presento en este libro, que, hay que recordar, pretende ser una compilación de mis textos semanales, textos escritos bajo presión, bajo la dinámica que significa colaborar semanalmente en un diario, y allí es donde trato de presentarlo lo mejor que puedo”, concluye.
Texto publicado hoy jueves 11 de marzo en CAMPUS de Milenio Diario.
El vistazo a la panorámica cultural del país tiene una labor central, porque “brinda una visión de espejo y una visión tanto distante como cercana, de espejo porque es un reflejo y distante porque guarda su perspectiva; entonces, creo que la gente que lee las secciones culturales está buscando una mirada distinta sobre temas y asuntos que están allí. pero de pronto no han sido abordados”, afirma Ariel González, periodista y editor de la sección Cultura de Milenio Diario, quien acaba de publicar Breviario de correrías, compilación de colaboraciones en prensa que han sobrevivido a la dura prueba del tiempo y hoy merecen relectura en forma de libro.
La función de las secciones culturales, en una coyuntura como la actual, puede ofrecer una mirada crítica, lúcida, especial, singular “sobre aquello que nos está martirizando como sociedad, como la violencia, la crisis, la falta de oportunidades, la decadencia institucional, pero creo que esto, desde luego, es sólo una parte, y tampoco puedo suponer que la mirada cultural lo constituye todo; sin embargo, es un mirador desde el cual podemos apreciar un poco lo que al país le ha faltado y le falta; años de mucho desdén, desdén por la cultura, por la situación de millones de mexicanos, de parte de gobiernos que les ha hecho falta una mirada social mucho más coherente, mucho más auténtica”.
Ante esta panorámica, la observación es contundente: “noto muchos silencios que me parecen muy obvios, muy evidentes, más allá de quienes decididamente han señalado faltas, ausencias, errores, de parte de los gobiernos panistas; noto mucho silencio, mucha abulia, mucha condescendencia de parte de nuestra clase intelectual”. La descripción y el análisis son profundos cuando se le cuestiona si hay ausencia de una crítica.
“Ni siquiera falta crítica, falta ánimo de ver las cosas, porque la crítica ya supone un ánimo distinto, y en este caso hay gente absolutamente indiferente, hay una gran indeferencia por más que marquen las cosas”. Lo señala alguien quien se reúne con esa clase política que toma decisiones y los ha escuchado decir "¡qué mal está el gobierno panista, qué horror!", pero también reclama porque jamás escriben, jamás pintan, jamás hacen nada relacionado con esta crítica, “me refiero a las grandes personalidades de la cultura mexicana. Hay una especie de inteligencia becaria” (término utilizado por Ariel González desde hace años).
El buen ánimo sobre los días que se avecinan intenta salir, sabiendo que “mucho de lo que nos va a ocurrir no podrá ser bueno. Con todo, soy optimista, hemos vivido ya situaciones muy difíciles, vamos a entrar a una etapa en la cual seguro habrá gente nueva, gente más perceptiva; creo que lo que viene no puede ser peor, contra todo lo que nuestras vísceras y nuestra experiencia personal crea interpretar”.
En internet, todo y nada
La inmediatez que nos ofrece la red de redes lleva al periodista a la reflexión: “en internet está todo y nada, no es casual que en Wikipedia existan cosas que estás buscando, pero tampoco sería raro que se equivocara o que le añadiera información o personajes que no deberían estar allí o en ninguna enciclopedia, es decir, la edición sigue siendo una parte sustantiva del trabajo periodístico”, misma edición que hace posible tener publicaciones como la Enciclopedia Británica o las hechas en las instituciones, por ejemplo las que alimenta el Estado: “si no fuera porque el Estado mexicano en algún momento dado ha recuperado la obra de un pintor o de un autor determinado, pues de pronto no sólo no estaría en la Wikipedia, sino seguramente no estaría en la Británica”.
“Creo que los medios en la inmediatez y en internet falsifican, desde luego, muchas cosas, porque el maquinazo permite que recuperes de inmediato fuentes fáciles; las fuentes fáciles que nos brinda internet son muchas veces las más engañosas, aunque no siempre, también hay que reconocerlo, por eso dije, en internet hay de todo, todo lo malo y todo lo bueno”.
Y cabe la autocrítica: “deberíamos ser muy cuidadosos, yo me cuido mucho de esa parte, prefiero ir a los libros, a los autores y, sin embargo, internet es una herramienta que está todo el tiempo, hay que consultarla, visitarla y no dejar de consultar sus fuentes”.
Las correrías
El libro de Ariel González se regodea en esa línea imaginaria que existe entre la literatura y el periodismo; las páginas que lo conforman, los textos que le dan vida, fueron escritos bajo presión y nutridos gracias a los pulsos, las tensiones, nerviosismo, y las grandes cosas que la literatura brinda siempre. “Quien desde la perspectiva periodística sigue la dinámica de la literatura, de los escritores, de los autores, creo que tienen la oportunidad de ser también partícipe de algún modo de estas características”, afirma el escritor.
En Breviario de correrías se dan cita textos con idea y sentimiento, que reflejan calidad de lecturas, reflexión alejada de la inmediatez, trabajados con el perfil periodístico de antaño; análisis que refresca con la relectura, escritura que desconoce el vértice de separación de la literatura y el oficio de la redacción, que permanecerá como un elemento provocador. Por ejemplo sus viajes en Rusia, Alemania, China, su estancia en Argentina, caminar por las mismas calles donde Borges imaginó mundos diferentes, saludar a Bioy Casares sabiendo el peso de su talento en la literatura mundial. Y reencontrar la esencia de Paul Bowles en su libro El cielo protector para saber diferenciarse de turista promedio y ser un viajero total.
Incluso, se da espacio para brindar un consejo a los jóvenes universitarios, en especial a quienes se quieren dedicar al periodismo, aunque aplica para cualquier profesión: “vean el país con ojos muy abiertos, con ojos muy críticos, lo cual no significa dirigir los dardos contra uno o contra otro; crítico quiere decir simplemente siempre sopesar la realidad y la realidad es muy fuerte, es impresionante. Entonces, hay que medirla con una cinta de buen tamaño para ver las cosas con otro tamiz, porque el principal asunto es que la realidad está allí, pero hay que saber cómo abordarla”.
Finalmente, Ariel González habla de la línea invisible entre la literatura: “todo el tiempo he creído y sostenido que el periodismo se nutre todo de los pulsos, de las tensiones, del nerviosismo, de las grandes cosas que la literatura ofrece invariablemente. Quien desde la perspectiva periodística sigue la dinámica de la literatura, de los escritores, de los autores, tiene la oportunidad de ser también partícipe de algún modo de estas características. Entonces, no me avergüenza, al contrario, me enorgullece pensar que desde una redacción uno puede estar pendiente de las cosas que están sucediendo en el ámbito cultural, y ésa ha sido una de las principales motivaciones por las cuales yo escribí muchos de los textos que presento en este libro, que, hay que recordar, pretende ser una compilación de mis textos semanales, textos escritos bajo presión, bajo la dinámica que significa colaborar semanalmente en un diario, y allí es donde trato de presentarlo lo mejor que puedo”, concluye.
Texto publicado hoy jueves 11 de marzo en CAMPUS de Milenio Diario.
miércoles, 10 de marzo de 2010
Secuestrados
Es sin duda el temor más grande que se siente en toda la sociedad mexicana, ya no importa la clase social ni los dígitos en la cuenta bancaria, el secuestro es una marca que nubla el tránsito diario de los habitantes de este país. Un virus que recorre cada arteria y que día a día se lee, escucha, mira.
El periodista da cuenta de lo ocurrido, se acerca al hecho y cuando puede a los protagonistas, pero llega el momento en que también es noticia, y cuenta lo que ocurre en primera persona. Tal es el caso de Julio Scherer García, quien en su más reciente entrega Secuestrados abre con lo que sólo sus allegados tuvieron noticia.
Esa madrugada de julio de 1998 fue secuestrado su hijo Julio Scherer Ibarra, y una llamada cambió la perspectiva de la vida. El precio por la libertad era de trescientos mil pesos, y estaba naciendo un sábado; por ello su otro hijo Pedro (quien se hizo cargo de toda la negociación y luego fue quien entregó el dinero y recogió a su hermano ya liberado) y el periodista sólo reunieron cuatro mil pesos en su casa. El teléfono fue la respuesta ante la desesperación.
Recuerda crudamente cómo “me sentía desplazado, inútil, y vi claro que la impotencia quiebra el carácter y lesiona a la persona. Sin culpa, me sabía pequeño y la náusea me invadía”. Las demostraciones de afecto materializadas en dinero empezaron a llegar a su casa, en poco tiempo, con mucho esfuerzo, se integró la cantidad debida. Se hizo todo como lo pidieron los secuestradores. La libertad se transformó una vez más en abrazo fraterno a las pocas horas.
Hasta que lo vivió supo de lo que hablaban algunos de sus entrevistados: “El sadismo es el mal, había aprendido en los libros. Ahora lo padecía en mí mismo. Los secuestradores gobernaban el juego del poder, absoluto en su circunstancia: ‘Me escuchas cuando te lo ordene y te callas cuando me dé la gana. Eres nada’”.
Seguido de este capítulo visto desde el ángulo paterno, recrea el propio en el colindante Guatemala (luego de no hallar vuelo desde El Salvador hacia México y trasladarse en carretera), donde un comandante lo reconoció como periodista internacional y lo dejó en libertad, luego de haber sido retenido por uniformados que tenían en mente acabar con su existencia a la brevedad.
Los siguientes capítulos son breves estampas de las muchas que por desgracia ya ha captado la lente del secuestro tanto en Latinoamérica como en México. Personas y familias enteras que en un momento de un mal día cambia su vida, huyen de la desgracia, o al menos lo intentan porque saben que “en los ojos que miran y se saben mirados suele encontrase el incierto temor de una delación”.
Los índices no mienten, y pese a que no todos los casos llegan a ser un expediente, la creciente industria del secuestro pone a temblar a quien escribe y a quien lee. El análisis puntual del periodista lo señala así: “Es terrible mirar cómo nos vamos pareciendo a la Colombia de las peores épocas, las de la incorporación de los niños a delitos como el robo, el chantaje y el secuestro, sin pasar por alto a los pequeños sicarios, aquellos que asesinaban por encargo a cambio de unos dólares”. Y es que el problema se está dando en las ciudades mexicanas.
No todos los esfuerzos tienen finales felices, las organizaciones criminales tienen en sus filas a gente de pocos escrúpulos, atrevidos y desgarrados. Tal es el caso de quienes mutilan dedos, orejas y otras partes del cuerpo de la persona secuestrada para hacérsela llegar a su familia y decirle que es en serio, que no se tocarán el corazón si no reciben lo pactado.
Incluso los desenlaces dulces tampoco dejan muy satisfechos a muchos, el testimonio de un comandante de la policía es único: “A mí me ha tocado vivir cosas como éstas: me abraza un señor, siento la contención del papá cuando rescato a su hijo sin un dedo y le digo: ‘Aquí está, jefe, no completo’. Y el señor me abraza con una emoción, con un sentimiento ahogado, con un llanto que quiere reprimir por su condición de padre. Eso me conmueve, me compensa de muchos sufrimientos, sacrificios que yo hago con mi familia. Para eso me pagan, ésa es mi pasión, lo sé”.
Secuestrados es un libro que duele a cada página por la impotencia, que sabe de su utilidad, de su necesidad y el cual no desea tener segundas partes. En él pasa lista de algunas de las bandas como la del Mochaorejas, de los Montante, de Carlos, o del Coronel. Secuestrados no debe tener secuelas, Julio Scherer García tenía la necesidad y el deber periodístico de escribirlo, lo ha hecho a su estilo personal y profesional, se nota el balance de su pluma y el grosor de sus calificativos. Volumen de novedad por el tema, el valor periodístico hará que perdure más allá de las modas.
Julio Scherer García, Secuestrados. Grijalbo, México, 2009; 175pp.
Texto aparecido en al revista Siempre¡ de esta semana.
El periodista da cuenta de lo ocurrido, se acerca al hecho y cuando puede a los protagonistas, pero llega el momento en que también es noticia, y cuenta lo que ocurre en primera persona. Tal es el caso de Julio Scherer García, quien en su más reciente entrega Secuestrados abre con lo que sólo sus allegados tuvieron noticia.
Esa madrugada de julio de 1998 fue secuestrado su hijo Julio Scherer Ibarra, y una llamada cambió la perspectiva de la vida. El precio por la libertad era de trescientos mil pesos, y estaba naciendo un sábado; por ello su otro hijo Pedro (quien se hizo cargo de toda la negociación y luego fue quien entregó el dinero y recogió a su hermano ya liberado) y el periodista sólo reunieron cuatro mil pesos en su casa. El teléfono fue la respuesta ante la desesperación.
Recuerda crudamente cómo “me sentía desplazado, inútil, y vi claro que la impotencia quiebra el carácter y lesiona a la persona. Sin culpa, me sabía pequeño y la náusea me invadía”. Las demostraciones de afecto materializadas en dinero empezaron a llegar a su casa, en poco tiempo, con mucho esfuerzo, se integró la cantidad debida. Se hizo todo como lo pidieron los secuestradores. La libertad se transformó una vez más en abrazo fraterno a las pocas horas.
Hasta que lo vivió supo de lo que hablaban algunos de sus entrevistados: “El sadismo es el mal, había aprendido en los libros. Ahora lo padecía en mí mismo. Los secuestradores gobernaban el juego del poder, absoluto en su circunstancia: ‘Me escuchas cuando te lo ordene y te callas cuando me dé la gana. Eres nada’”.
Seguido de este capítulo visto desde el ángulo paterno, recrea el propio en el colindante Guatemala (luego de no hallar vuelo desde El Salvador hacia México y trasladarse en carretera), donde un comandante lo reconoció como periodista internacional y lo dejó en libertad, luego de haber sido retenido por uniformados que tenían en mente acabar con su existencia a la brevedad.
Los siguientes capítulos son breves estampas de las muchas que por desgracia ya ha captado la lente del secuestro tanto en Latinoamérica como en México. Personas y familias enteras que en un momento de un mal día cambia su vida, huyen de la desgracia, o al menos lo intentan porque saben que “en los ojos que miran y se saben mirados suele encontrase el incierto temor de una delación”.
Los índices no mienten, y pese a que no todos los casos llegan a ser un expediente, la creciente industria del secuestro pone a temblar a quien escribe y a quien lee. El análisis puntual del periodista lo señala así: “Es terrible mirar cómo nos vamos pareciendo a la Colombia de las peores épocas, las de la incorporación de los niños a delitos como el robo, el chantaje y el secuestro, sin pasar por alto a los pequeños sicarios, aquellos que asesinaban por encargo a cambio de unos dólares”. Y es que el problema se está dando en las ciudades mexicanas.
No todos los esfuerzos tienen finales felices, las organizaciones criminales tienen en sus filas a gente de pocos escrúpulos, atrevidos y desgarrados. Tal es el caso de quienes mutilan dedos, orejas y otras partes del cuerpo de la persona secuestrada para hacérsela llegar a su familia y decirle que es en serio, que no se tocarán el corazón si no reciben lo pactado.
Incluso los desenlaces dulces tampoco dejan muy satisfechos a muchos, el testimonio de un comandante de la policía es único: “A mí me ha tocado vivir cosas como éstas: me abraza un señor, siento la contención del papá cuando rescato a su hijo sin un dedo y le digo: ‘Aquí está, jefe, no completo’. Y el señor me abraza con una emoción, con un sentimiento ahogado, con un llanto que quiere reprimir por su condición de padre. Eso me conmueve, me compensa de muchos sufrimientos, sacrificios que yo hago con mi familia. Para eso me pagan, ésa es mi pasión, lo sé”.
Secuestrados es un libro que duele a cada página por la impotencia, que sabe de su utilidad, de su necesidad y el cual no desea tener segundas partes. En él pasa lista de algunas de las bandas como la del Mochaorejas, de los Montante, de Carlos, o del Coronel. Secuestrados no debe tener secuelas, Julio Scherer García tenía la necesidad y el deber periodístico de escribirlo, lo ha hecho a su estilo personal y profesional, se nota el balance de su pluma y el grosor de sus calificativos. Volumen de novedad por el tema, el valor periodístico hará que perdure más allá de las modas.
Julio Scherer García, Secuestrados. Grijalbo, México, 2009; 175pp.
Texto aparecido en al revista Siempre¡ de esta semana.
miércoles, 17 de febrero de 2010
De cómo no soy
Para Wendy
Y otra vez quería ser para ti
la palabra adecuada en los días de fiesta,
o la del discurso cuando se obtiene un galardón,
la de las compras en la agonía económica,
la del amor cuando se escabulle en el páramo
esa candidez de tu sonrisa.
Y otra vez quería ser para ti,
la mañana austera, la del agotamiento
o el hartazgo, la disciplinada carente de nubes,
la que viene con ventisca, la que no sabe,
la enamorada de la noche, la perdida.
Y otra vez quería ser para ti
esa voz indecente que ya no sabe qué tono usar
cuando solicita favores carnales,
la que utiliza el niño cuando llora y tiene hambre,
la del anciano que mide sus pasos
en la profundidad de la tierra, la de la musa
que pierde belleza de tanto verla,
la del arroyo que nadie ha visitado,
la de una autoridad que no se respeta.
Y de nuevo tan sólo quería ser para ti
eso que se lleva en la mano
y se recurre a ella cuando la vida
ya no sonríe como antes.
Y tan sólo, de nuevo, quería ser para ti
esa prueba de hombría
que está en peligro de extinción.
Poema aparecido el domingo 14 de febrero en la revista Siempre¡
Y otra vez quería ser para ti
la palabra adecuada en los días de fiesta,
o la del discurso cuando se obtiene un galardón,
la de las compras en la agonía económica,
la del amor cuando se escabulle en el páramo
esa candidez de tu sonrisa.
Y otra vez quería ser para ti,
la mañana austera, la del agotamiento
o el hartazgo, la disciplinada carente de nubes,
la que viene con ventisca, la que no sabe,
la enamorada de la noche, la perdida.
Y otra vez quería ser para ti
esa voz indecente que ya no sabe qué tono usar
cuando solicita favores carnales,
la que utiliza el niño cuando llora y tiene hambre,
la del anciano que mide sus pasos
en la profundidad de la tierra, la de la musa
que pierde belleza de tanto verla,
la del arroyo que nadie ha visitado,
la de una autoridad que no se respeta.
Y de nuevo tan sólo quería ser para ti
eso que se lleva en la mano
y se recurre a ella cuando la vida
ya no sonríe como antes.
Y tan sólo, de nuevo, quería ser para ti
esa prueba de hombría
que está en peligro de extinción.
Poema aparecido el domingo 14 de febrero en la revista Siempre¡
martes, 2 de febrero de 2010
Oficio y sentimiento

La delgada línea que divide el periodismo de la literatura se ve una vez más expectante pues la aparición de Breviario de correrías exige que el lector se siente de ambos lados de la mesa: si bien los textos que le dan vida fueron escritos originalmente para la prensa, ahora en forma de libro aprueban el rigor que va del ensayo a la estampa, pasando por la anécdota o el diario con un objetivo común en todas ellos: permanecer y aportar una visión con sentido, calidad y rigor.
Alejado del maquinazo que puede resultar el trabajo periodístico bajo presión y más apegado a la investigación y sobre todo a la lectura crítica, Ariel González, editor de la sección cultural de Milenio, arma un conglomerado con orden e idea y lo divide en seis apartados estructurados no ya con paso cronológico, sino más bien por la característica geográfica y espacial que los sentidos dictan.
Así empieza con “Pasos por el sur”, el recuerdo de su estancia y sus observaciones en Argentina por su empleo en la embajada de México. Llega Jorge Luis Borges en un perfil de periodista, Oliverio Girondo con su espantapájaros que rompe esquemas (“la imagen del vanguardismo es la de la importación de una visión europeizada”), Felisberto Hernández, escritor raro si los hay, Roberto Arlt y el golpe del futuro que sólo debe creerse en el momento adecuado, y Leopoldo Lugones con el recuerdo del suicidio.
En “La otra orilla” hacen su aparición Ortega y Gasset, Francisco Ayala, Bergamín y García Lorca, el hilo conductor es el recuerdo de una parte especial de cada uno, el brillo pulido a fuerza de lectura y de entendimiento, pues a estos monstruos no se les puede leer sin aprender, no se les puede decir leídos sin verificar sus ideas en primera persona.
“Bifurcaciones” se traslada del estudio a la propuesta, del análisis reflexivo al repaso y al papel de la literatura. La religión como halo de problemática mundial, el miedo y la medianía intelectual, el viajero en Rusia y la dimensión de un sueño, la China y la dialéctica de Mao con capitalismo y comunismo de la mano, así como halla cobijo el optimismo de un pesimista.
En el caso de la reflexión rusa alcanza para el nacionalismo de nuestro terreno mexicano, y hay que verlo como aprendizaje: “el drama de toda revolución es su desilusión final, que una y otra vez consigue olvidar su gloria, la fuerza de sus ideales, el conmovedor momento en que los pueblos se movilizan contra la dictadura o la injusticia”.
Mientras que en lo que respecta al papel de la clase intelectual el comentario va más allá de la sencilla caravana de sombrero: “La participación del intelectual en la vida pública es, desde luego, legítima y necesaria. Pero hay que dimensionarla en sus justos términos: ni por encima ni por debajo de las posiciones, derechos y preferencia de otros sectores de la sociedad […] ¿Puede haber algo más antiintelectual que un rebaño de intelectuales?”, pregunta que acepta la réplica para dar vida al debate.
“Aires galos”, como su nombre atinadamente lo indica, guía los reflectores hacia el arte francés, con el autor inclasificable y egiptólogo Dominique Vivant Denot, el trío que conformaban el pianista Alfred Cortot, el violinista Jacques Thibaud y el chelista Pablo Casals (“Si la creación es el ejercicio solitario por excelencia, la interpretación musical puede alcanzar sus más intensos momentos a través de la fuerza que le da una pequeña colectividad dispuesta a seguir una partitura hasta sus últimas consecuencias”).
Una necesaria relectura a León Bloy y los lugares comunes, algunos personajes políticos de la vida pública alemana; la presencia de Montaigne a partir de una reedición que brinda el pretexto para hablar de los hilos que dan más sentido a la comunidad del libro con el lector. Con las flores del mal, o flores enfermizas de Charles Baudelaire junto a su imprescindible presencia en la poesía mundial. Louis Ferdinand Céline en su Viaje al fin de la noche, y un Marqués de Sade, con todo y su nombre largo.
“Hacia Albión” conjunta a James Boswell, para atinar en el tamaño de la biografía, con Samuel Beckett y las muchas miradas (“La miseria humana, la condición más indigna o la espera más desquiciante no cierran en Beckett el paso al humor, única señal de que podemos convivir con lo más desgarrador”). Así como el descubrimiento de Joseph Conrad y su obra El corazón de las tinieblas y su pesimismo que nunca hizo concesiones, que va de la mano de Jonathan Swift y el humor negro que abandera.
Cierra “Otros senderos”, con textos sinceros rayando en homenajes a Salvador Elizondo, José Luis Martínez y José de la Colina, el primero como un hombre generoso y brillante, el segundo como ensayista que colocó la medida que se debe exigir en el ramo, y el último con la brevedad como arte.
Al ser el último cajón de la obra, también da cabida a Bertolt Brecht, Alejandro Toledo y las ficciones, al Código Da Vinci con su infraestructura publicitaria, a Kurt Vonnegut con su juego de humor, el cual “no está reñido con la lucidez; antes al contrario: para que el primero surta efecto debe estar bien pertrechado por la segunda”. Sin dejar de lado a Eisenstein y el cine, sus películas, su fuerza; los famas y los cronopios de Julio Cortázar, la depresión y sus circulares fórmulas, Isabel de Riquer y su ímpetu culinario a favor del corazón, y Kafka cargando con su biografía.
Todos ellos son textos con idea y sentimiento, que reflejan calidad de lecturas, reflexión alejada de la inmediatez, trabajados con el perfil periodístico de antaño; análisis que refresca con la relectura, escritura que desconoce el vértice de separación de la literatura y el oficio de la redacción, que permanecerá como un elemento provocador, que se debe leer pues como lo que es, un breviario dispuesto a ser amplio por sus temas y su estructura.
Ariel González, Breviario de correrías, Conaculta (col. Periodismo Cultural), México, 2009, pp. 179.
Texto aparecido en la revista NEXOS de febrero.
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