Si hay un escritor dueño de la sensibilidad irónica que viste el tema de la intriga y la muerte es Dino Buzzati (1906-1972), quien un año antes de su muerte publicó Las noches difíciles, un conjunto de relatos en su estilo más puro, ése que tiene acostumbrado a su público lector.
La narrativa en estado de germinación, pues de él brotan las emociones y sentimientos más encontrados del ser humano, difícil es leer a Buzzati sin que se mueva algo en la mente de quien lo percibe, complicado si no es imposible que paseen inadvertidas sus letras.
Ya en Sesenta relatos (también editado por Acantilado) pudimos darnos un festín de sensaciones, ahora esta reciente entrega confirma lo que de suyo le pertenece al autor, una magia de buenas coincidencias, de trabajo esforzado en tramas, personajes, elementos que para otras plumas no causan tanta penetración y que en el también autor de El colombre simplemente toman rumbo definitorio.
El juego de elementos variados es parte de su formación, de dimensiones que no aparecen más allá de unas cuantas líneas, explota su gusto por la narración breve para ponernos en una encrucijada: “¿Era un sueño? ¿O era una verdad? Aunque pudiera contarlo o escribirlo, nadie me iba a creer”. Y es cierto, por qué creerle, en qué basa su pregunta, hace pensar a quien comparte la lectura.
Como “Alias en la vía Sesostri”, una narración impecable, con el sarcasmo a flor de piel, en un juego de rutinas que se rompen para cambiar el curso de la vida: “Confieso que también yo me sentía profundamente turbado. Si un hombre de valía tan venerado y digno caía de golpe en el fango y el aprobio, ¿en qué se podía creer ya?”.
Ésa es una pregunta certera, en qué creer, ya no tanto en quién (imposible evitar señalar “El médico de las fiestas”, que como su nombre lo dice es un especialista en rescatar festejos para alegría de la gente). Acaso dependerá del emisor, como en “El ermitaño” que señala: “Las tentaciones te las manda el cielo justamente para que te dejes arrastrar por ellas y te hundas en el lodo y que tal abyección te traiga amargas lágrimas”.
Esto es, va de lo festivo a lo crudo, de la fantasía, como su propia versión de la Cenicienta, hasta el recuerdo de la realidad más anhelada como el primer párrafo de “Mosaico”: “Milagro: cada vez pasan menos coches, ya no se oye ladrar a los cláxones, hay un cielo límpido, por la mañana el automóvil aparcado junto a la acera no está sucio de esmog, el teléfono no está sonando continuamente, el buzón está casi vacío. ¿Qué sucede? Qué alivio, qué paz, qué silencio. Pero, ¡ay, qué bonitos eran aquellos tiempos!”.
“Relato a dos” es un ejercicio literario que debería proponerse como opción en la instrucción básica para que los estudiantes empleen de mejor forma la imaginación. Mientras que en “Invenciones” se vive el padecimiento de un hospital de una manera diferente todos allí son enfermos, el doctor, enfermeras, administrativos, todos padecen algo. Y lleva por moraleja una sentencia que seguramente más de uno hemos vivido: “Lo más desagradable de un hospital es ver que todos los demás no están enfermos”.
En Las noches difíciles podemos ubicar varias historias dentro de un título. Y es que en su variedad se fundamenta una de sus fortalezas, pero sobre todo en el viaje a uno mismo, como “La alienación”, donde debe encontrarse sin que los demás lo vean a él, siendo el escenario cualquier lugar, siendo la profesión tal vez la que ejerza el lector.
El reflejo pues de lo que podemos ser como humanos, de lo que somos como personas, de lo que aspiramos a ser, y eso en sí ya es un gran elemento de diferenciación que tiene Buzzati del resto de escritores. Sin duda un gran narrador que siempre deja enseñanza más allá de un rato de entretenimiento.
Dino Buzzati, Las noches difíciles (traducción de Ataliare), España, 2010, 318 pp.
Texto aparecido en la revista Siempre¡ de esta semana
lunes, 31 de enero de 2011
domingo, 16 de enero de 2011
Oscura monótona sangre
Julio Andrada es el protagonista de Oscura monótona sangre, pero es sin duda Daiana el corazón de la trama, el fantasma que atraviesa cada página ya sea en su búsqueda o en su hechura. Pues de la tranquilidad que brindaba la repetición de lo cotidiano a Andrada, dio un paso de costado para transformar su vida, y de paso la de otros integrantes de la escenografía bonaerense.
Un día al salir de su ruta acostumbrada y comer en un lugar de aquellos que no frecuentaba desde que tenía mucho menos poder adquisitivo, el empresario escuchó una charla entre camioneros que conllevaba las señas de lo más normal: cuestiones mecánicas o lugares donde frecuentar chicas, por citar dos ejemplos contundentes, y le pareció que ese mundo no debía serle tan ajeno.
Se dirigió a las coordenadas que creyó eran las brindadas en la charla de los camioneros y halló lo que buscaba: una jovencita de nombre Daiana que cobraba 20 pesos por el oral y 30 con penetración, él dejó en sus manos mucho más dinero de ese y ella realizó las labores convenidas en el mismo vehículo sin darse cuenta que habría atrapado a una presa diferente.
Sorprendido consigo mismo con los resultados de su aventura, no tardó demasiados días en regresar al lugar donde había dejado a Daiana, raro en él pues “alejarse de la pobreza era lo único que le producía una auténtica tranquilidad interior”. Decidido la buscó, pero la desolación era la marca de esa calle, de esa Villa 21, a quien sí encontró fue a Luli, una joven más grande que Daiana y más experimentada, quien realizó el mismo trabajo pero con menos gusto.
Andrada lo notó, además con tan mala suerte que a la lluvia que caía en ese momento se le sumó un intento de robo, al cual puso resistencia, estaba en juego su orgullo, no podía decir que lo asaltaron en ese rumbo, cómo podría justificar su estancia allí. La violencia se intensificó al enfrentar cuerpo a cuerpo a un ladrón a quien le dio muerte.
La vida real y pública de Julio Andrada se dividía en la fábrica que dirigía y en los asuntos familiares del edificio que habitaba, donde además era gente de respeto pues le daba solución a todos los conflictos y para ello contaba con la ayuda de Atilio un antiguo policía que ahora era el escudero de ese inmueble así como de los secretos de Andrada.
La convivencia con Daiana en la fábrica fue indescriptible, una primera vez para ambos, entre las necesidades más obvias como la alimentación hasta la más carnal. Pero el recuerdo no lo dejaba libre de culpas, “su hija, su mujer y Daiana formaban parte de su mismo universo. Él lo veía ahora claro y no le importaba lo que pensaran los demás. Él podía hacer convivir esa escena familiar con su boca besando el sexo de la chica sobre una grúa”.
Sin embargo también las páginas de Olguín se dan espacio para agregar la parte más secreta del amor, la más callada cuando Andrada ve desnudo el cuerpo de su esposa “no le parecía una mujer de cincuenta años. Cuando se está muchos años con otra persona, el otro no envejece. La memoria lo transforma en un cuerpo siempre igual a sí mismo. Se congela fuera de toda agresión del tiempo”.
Andrada en el fin de semana que convivió en la fábrica con Daiana enloquece y le pide a su eficiente secretaria que le busque un departamento donde se la llevará a vivir, recuerda cómo su hija Florencia le ha avisado también de su mudanza a un espacio pequeño donde vivirá con su amiga Carla.
Los nervios son quienes traicionarán en la última curva de decisiones a Andrada, quien al mandar a Arizmendi a buscar a Daiana se lleva la sorpresa de que éste ha sido asesinado, y al encontrar en el departamento alquilado a la jovencita ella le dice que su cabeza tiene precio pues en su villa saben que fue quien mató al chico aquella vez que se lio con Luli, desatando un sorpresivo final.
Oscura monótona sangre fue premiada a finales de 2009 con el V Premio Tusquets Editores de Novela con un jurado integrado por Almudena Grandes, Jorge Edwards, Élmer Mendoza y Beatriz de Moura, teniendo por presidente a Juan Marsé.
Aunque más allá del premio su lectura vale por la provocación que ejerce en el lector, un ritmo en constante cambio, un personaje que juega con las elucubraciones y que de la cotidianidad sólo le queda el recuerdo, anunciándonos de nueva cuenta que en la cabeza de cada uno es un mundo diferente, pero también en la mirada de los diferentes individuos que caminan en la calle puede estarse encubando el próximo hecho que cambie la vida.
Sergio Olguín, Oscura monótona sangre. Tusquets editores, México, 2010; pp. 184.
Texto aparecido en la Revista Siempre¡ de esta semana
Un día al salir de su ruta acostumbrada y comer en un lugar de aquellos que no frecuentaba desde que tenía mucho menos poder adquisitivo, el empresario escuchó una charla entre camioneros que conllevaba las señas de lo más normal: cuestiones mecánicas o lugares donde frecuentar chicas, por citar dos ejemplos contundentes, y le pareció que ese mundo no debía serle tan ajeno.
Se dirigió a las coordenadas que creyó eran las brindadas en la charla de los camioneros y halló lo que buscaba: una jovencita de nombre Daiana que cobraba 20 pesos por el oral y 30 con penetración, él dejó en sus manos mucho más dinero de ese y ella realizó las labores convenidas en el mismo vehículo sin darse cuenta que habría atrapado a una presa diferente.
Sorprendido consigo mismo con los resultados de su aventura, no tardó demasiados días en regresar al lugar donde había dejado a Daiana, raro en él pues “alejarse de la pobreza era lo único que le producía una auténtica tranquilidad interior”. Decidido la buscó, pero la desolación era la marca de esa calle, de esa Villa 21, a quien sí encontró fue a Luli, una joven más grande que Daiana y más experimentada, quien realizó el mismo trabajo pero con menos gusto.
Andrada lo notó, además con tan mala suerte que a la lluvia que caía en ese momento se le sumó un intento de robo, al cual puso resistencia, estaba en juego su orgullo, no podía decir que lo asaltaron en ese rumbo, cómo podría justificar su estancia allí. La violencia se intensificó al enfrentar cuerpo a cuerpo a un ladrón a quien le dio muerte.
La vida real y pública de Julio Andrada se dividía en la fábrica que dirigía y en los asuntos familiares del edificio que habitaba, donde además era gente de respeto pues le daba solución a todos los conflictos y para ello contaba con la ayuda de Atilio un antiguo policía que ahora era el escudero de ese inmueble así como de los secretos de Andrada.
La convivencia con Daiana en la fábrica fue indescriptible, una primera vez para ambos, entre las necesidades más obvias como la alimentación hasta la más carnal. Pero el recuerdo no lo dejaba libre de culpas, “su hija, su mujer y Daiana formaban parte de su mismo universo. Él lo veía ahora claro y no le importaba lo que pensaran los demás. Él podía hacer convivir esa escena familiar con su boca besando el sexo de la chica sobre una grúa”.
Sin embargo también las páginas de Olguín se dan espacio para agregar la parte más secreta del amor, la más callada cuando Andrada ve desnudo el cuerpo de su esposa “no le parecía una mujer de cincuenta años. Cuando se está muchos años con otra persona, el otro no envejece. La memoria lo transforma en un cuerpo siempre igual a sí mismo. Se congela fuera de toda agresión del tiempo”.
Andrada en el fin de semana que convivió en la fábrica con Daiana enloquece y le pide a su eficiente secretaria que le busque un departamento donde se la llevará a vivir, recuerda cómo su hija Florencia le ha avisado también de su mudanza a un espacio pequeño donde vivirá con su amiga Carla.
Los nervios son quienes traicionarán en la última curva de decisiones a Andrada, quien al mandar a Arizmendi a buscar a Daiana se lleva la sorpresa de que éste ha sido asesinado, y al encontrar en el departamento alquilado a la jovencita ella le dice que su cabeza tiene precio pues en su villa saben que fue quien mató al chico aquella vez que se lio con Luli, desatando un sorpresivo final.
Oscura monótona sangre fue premiada a finales de 2009 con el V Premio Tusquets Editores de Novela con un jurado integrado por Almudena Grandes, Jorge Edwards, Élmer Mendoza y Beatriz de Moura, teniendo por presidente a Juan Marsé.
Aunque más allá del premio su lectura vale por la provocación que ejerce en el lector, un ritmo en constante cambio, un personaje que juega con las elucubraciones y que de la cotidianidad sólo le queda el recuerdo, anunciándonos de nueva cuenta que en la cabeza de cada uno es un mundo diferente, pero también en la mirada de los diferentes individuos que caminan en la calle puede estarse encubando el próximo hecho que cambie la vida.
Sergio Olguín, Oscura monótona sangre. Tusquets editores, México, 2010; pp. 184.
Texto aparecido en la Revista Siempre¡ de esta semana
lunes, 3 de enero de 2011
El complot de los románticos
Hacer una reunión con invitados tan disímbolos nunca llevó tanto trabajo y tan buenos resultados literarios. El Parnaso es un congreso que sirve de pretexto para darle vida a El complot de los Románticos de Carmen Boullosa quien además de obtener el Premio de Novela Gijón 2008, levanta la mano para decirle al lector exigente que aquí hay una autora mexicana con ganas de contar una historia fresca, ágil, divertida, pero no por ello fácil o carente de recursos.
Muy al contrario, y se nota desde la principal voz narrativa y la trama. La primera con una presidenta de un congreso que no sabe bien a bien por qué pero debe llegar a buen término, escritora con poca obra y menos fama, pero ahora le ha tocado organizar este muestrario de vanidades y estilos tan diferentes como las épocas en que vivieron, porque los integrantes son almas, son muertos. Y la segunda porque en algún momento participamos en los festejos.
De hecho es la misma narradora (por instantes cercana a la línea de la decadencia: “No existo. Google no reconoce mi nombre”) quien nos inmiscuye en cada reflejo de la misma trama gracias a su lenguaje, ese tono narrativo que por momentos le habla directamente al lector, resulta en sonrisas cómplices de la amistad, y qué mejor que sea una conocida quien nos lleve por esa aventura, que recuerda los caminos recorridos para llegar al festejo.
Guiños de cultura general y formación literaria son los nombres de los participantes en el congreso, escritores de diversas épocas, incluso un integrante de la excursión para elegir lugar (que incluyó México, Estados Unidos y Madrid, ésta última la ganadora) es Dante Alighieri. Y ya elegido el lugar, ahora viene la conmemoración y premiación de quien se llevará la gloria ese año.
Un galardón por lo demás arreglado, trabajado por las relaciones públicas de su autor Melville, cuyo nombre era La isla de la Cruz, “El premio era suyo por legítimo derecho, porque el premio es de quien lo trabaja, pero no por los méritos literarios del manuscrito”; acción que no fue bien recibida por un grupo de literatos llamados los Románticos, quienes en pleno Teatro de la Zarzuela defendieron otro libro, el cual al parecer de la narradora no estaba nada mal.
Esta es la parte central de la obra. El recorrido por diferentes ciudades fue el prefacio de la batalla y rebelión, del llamado complot que ayuda a mirar de otra forma la hechura de un proceso que ya marchita o que toca cambiar por su figura desgastada. Y es que en ocasiones resulta tan frío y tan gris el mecanismo y ceremonial de la entrega de galardones que sólo de esta forma parece darle color.
El complot de los Románticos viene a ser un entretenido ejemplar de la literatura de exportación, con toques sensibles de la novela que sabe narrar, que comprende que ahora el libro compite en espacios no sólo de cultura sino también de entretenimiento y esta obra se atreve logrando una buena factura que habla por sí sola, no requiere defensores puritanos, sino exige lectores.
Carmen Boullosa. El complot de los Románticos. Ediciones Siruela (Nuevos Tiempos), España, 2009; 264pp.A
Aparecido en la Revista Siempre¡ de esta primera semana de 2011.
Muy al contrario, y se nota desde la principal voz narrativa y la trama. La primera con una presidenta de un congreso que no sabe bien a bien por qué pero debe llegar a buen término, escritora con poca obra y menos fama, pero ahora le ha tocado organizar este muestrario de vanidades y estilos tan diferentes como las épocas en que vivieron, porque los integrantes son almas, son muertos. Y la segunda porque en algún momento participamos en los festejos.
De hecho es la misma narradora (por instantes cercana a la línea de la decadencia: “No existo. Google no reconoce mi nombre”) quien nos inmiscuye en cada reflejo de la misma trama gracias a su lenguaje, ese tono narrativo que por momentos le habla directamente al lector, resulta en sonrisas cómplices de la amistad, y qué mejor que sea una conocida quien nos lleve por esa aventura, que recuerda los caminos recorridos para llegar al festejo.
Guiños de cultura general y formación literaria son los nombres de los participantes en el congreso, escritores de diversas épocas, incluso un integrante de la excursión para elegir lugar (que incluyó México, Estados Unidos y Madrid, ésta última la ganadora) es Dante Alighieri. Y ya elegido el lugar, ahora viene la conmemoración y premiación de quien se llevará la gloria ese año.
Un galardón por lo demás arreglado, trabajado por las relaciones públicas de su autor Melville, cuyo nombre era La isla de la Cruz, “El premio era suyo por legítimo derecho, porque el premio es de quien lo trabaja, pero no por los méritos literarios del manuscrito”; acción que no fue bien recibida por un grupo de literatos llamados los Románticos, quienes en pleno Teatro de la Zarzuela defendieron otro libro, el cual al parecer de la narradora no estaba nada mal.
Esta es la parte central de la obra. El recorrido por diferentes ciudades fue el prefacio de la batalla y rebelión, del llamado complot que ayuda a mirar de otra forma la hechura de un proceso que ya marchita o que toca cambiar por su figura desgastada. Y es que en ocasiones resulta tan frío y tan gris el mecanismo y ceremonial de la entrega de galardones que sólo de esta forma parece darle color.
El complot de los Románticos viene a ser un entretenido ejemplar de la literatura de exportación, con toques sensibles de la novela que sabe narrar, que comprende que ahora el libro compite en espacios no sólo de cultura sino también de entretenimiento y esta obra se atreve logrando una buena factura que habla por sí sola, no requiere defensores puritanos, sino exige lectores.
Carmen Boullosa. El complot de los Románticos. Ediciones Siruela (Nuevos Tiempos), España, 2009; 264pp.A
Aparecido en la Revista Siempre¡ de esta primera semana de 2011.
viernes, 5 de noviembre de 2010
La pobre cultura del político promedio
Con la seguridad que da la ignorancia sumada al cargo público que ostentan, algunos personajes públicos han cometido pifias kilométricas en su afán de querer demostrar una cultura que no tienen, en esa lucha encarnada con el ego que les dicta hablar (con seguridad aunque no con tino) en lugar de reconocer que no saben, no tiene el dato, o simplemente permanecer callados.
Los casos más recientes son protagonizados por los diputados locales de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, Cristián Vargas del PRI al adjudicarle al escritor José Emilio Pacheco la obra “Crónica de una muerte anunciada”, así como de su par, la perredista (aunque no lo crea) Presidenta de la Comisión de Cultura, Edith Ruiz Mendicuti, al agregar erróneamente en la lista de sus obras al autor de “Las batallas en el desierto”, los libros 'Un tranvía llamado deseo' y 'Cuatro cuartetos".
Sería demasiado obvio y fácil señalar la incultura de estos dos legisladores, que no son los únicos, sin embargo el problema es de mayor fondo, el dilema está en la preparación que estamos recibiendo como país. Con una planta docente que es liderada por un personaje que desde que tomó posesión del cargo prometió luchar por una calidad educativa, pero lo único que ha logrado es desgastar la frase.
La desnuda muy bien el trabajo documental de Carlos Loret de Mola y Juan Carlos Rulfo, en una secuencia de imágenes se ve cómo desde 1990 lleva prometiendo lo mismo: calidad educativa.
El diputado Vargas (el filme “La Ley de Herodes” atraviesa fugazmente el recuerdo) dijo con referencia a las lecturas de las obras de José Emilio Pacheco que las conocía “porque desde la escuela te la enseñaban”. Seguramente así fue, en el recinto escolar lo enseñaron, pero por lo visto no lo aprendió, o como seguramente a algunos más, dejó de interesarle lo que allí se decía.
Para ciertos personajes la formación académica es sólo un requisito, un documento para conseguir un mejor empleo. El candidato presidencial Vicente Fox hizo su examen profesional para obtener el grado de “Licenciado”, pero eso no le brinda como acto de magia el conocimiento o la cultura general, ni a él ni a nadie, pues ya como Presidente, Vicente Fox confundió el nombre de un escritor emblemático de Latinoamérica, y es que tal vez nunca ha tenido en sus manos un libro de Jorge Luis Borges, de lo contrario no hubiera errado en un marco poco propicio para ello: el II Congreso Internacional de la Lengua Española en el año 2001.
Incluso algunos las utilizan para hacer pensar a los demás que saben (también se puede culpar a quienes escriben los discursos en todo caso), el ejemplo lo vivimos con la otra mitad de la pareja presidencial: Martha Sahagún, quien en un discurso realizó una cita de, según ella, “Rabina Gran Tagore” en referencia al Nobel hindú Rabindranath Tagore en diciembre de 2005.
El hecho de que nuestros representantes populares (es un decir) no tengan la cultura básica que supuestamente se enseña en la instrucción secundaria o preparatoria es un reflejo del nivel de alfabetismo que tiene México.
Es tiempo de darnos cuenta sociedad y gobierno de que la competencia del mañana inmediato se ubica en el mercado del conocimiento, y allí hasta el momento estamos a la baja. Ni siquiera a la defensiva. Los estándares mundiales son un reflejo.
Parece tarde pero habría que empezar a la brevedad, los gastos superfluos como el Festival Olímpico Bicentenario mejor enfocarlos a la educación. Y lo más preocupante es que se avecinan años electorales y en las campañas se descuidarán las directrices gubernamentales para mirar sólo en el bienestar de una figura: el candidato.
Lo de la “calidad educativa” suena bien. Incluso personalidades como Caros Slim se han referido a ella: “Necesitamos mayor calidad en la educación, buscar pasar de la alfabetización a la cultura digital; transformar la estructura de la educación para acceder a medios modernos electrónicos para facilitar la educación”.
Sabemos cómo podemos mejorar, dónde encontrar soluciones no ya para tener figuras políticas tan de primer nivel como José Vasconcelos o Jaime Torres Bodet, sino simplemente alguien que no se confunda al leer “Influenza AH1N1”.
Texto aparecido en el suplemento CAMPUS de Milenio Diario
Los casos más recientes son protagonizados por los diputados locales de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, Cristián Vargas del PRI al adjudicarle al escritor José Emilio Pacheco la obra “Crónica de una muerte anunciada”, así como de su par, la perredista (aunque no lo crea) Presidenta de la Comisión de Cultura, Edith Ruiz Mendicuti, al agregar erróneamente en la lista de sus obras al autor de “Las batallas en el desierto”, los libros 'Un tranvía llamado deseo' y 'Cuatro cuartetos".
Sería demasiado obvio y fácil señalar la incultura de estos dos legisladores, que no son los únicos, sin embargo el problema es de mayor fondo, el dilema está en la preparación que estamos recibiendo como país. Con una planta docente que es liderada por un personaje que desde que tomó posesión del cargo prometió luchar por una calidad educativa, pero lo único que ha logrado es desgastar la frase.
La desnuda muy bien el trabajo documental de Carlos Loret de Mola y Juan Carlos Rulfo, en una secuencia de imágenes se ve cómo desde 1990 lleva prometiendo lo mismo: calidad educativa.
El diputado Vargas (el filme “La Ley de Herodes” atraviesa fugazmente el recuerdo) dijo con referencia a las lecturas de las obras de José Emilio Pacheco que las conocía “porque desde la escuela te la enseñaban”. Seguramente así fue, en el recinto escolar lo enseñaron, pero por lo visto no lo aprendió, o como seguramente a algunos más, dejó de interesarle lo que allí se decía.
Para ciertos personajes la formación académica es sólo un requisito, un documento para conseguir un mejor empleo. El candidato presidencial Vicente Fox hizo su examen profesional para obtener el grado de “Licenciado”, pero eso no le brinda como acto de magia el conocimiento o la cultura general, ni a él ni a nadie, pues ya como Presidente, Vicente Fox confundió el nombre de un escritor emblemático de Latinoamérica, y es que tal vez nunca ha tenido en sus manos un libro de Jorge Luis Borges, de lo contrario no hubiera errado en un marco poco propicio para ello: el II Congreso Internacional de la Lengua Española en el año 2001.
Incluso algunos las utilizan para hacer pensar a los demás que saben (también se puede culpar a quienes escriben los discursos en todo caso), el ejemplo lo vivimos con la otra mitad de la pareja presidencial: Martha Sahagún, quien en un discurso realizó una cita de, según ella, “Rabina Gran Tagore” en referencia al Nobel hindú Rabindranath Tagore en diciembre de 2005.
El hecho de que nuestros representantes populares (es un decir) no tengan la cultura básica que supuestamente se enseña en la instrucción secundaria o preparatoria es un reflejo del nivel de alfabetismo que tiene México.
Es tiempo de darnos cuenta sociedad y gobierno de que la competencia del mañana inmediato se ubica en el mercado del conocimiento, y allí hasta el momento estamos a la baja. Ni siquiera a la defensiva. Los estándares mundiales son un reflejo.
Parece tarde pero habría que empezar a la brevedad, los gastos superfluos como el Festival Olímpico Bicentenario mejor enfocarlos a la educación. Y lo más preocupante es que se avecinan años electorales y en las campañas se descuidarán las directrices gubernamentales para mirar sólo en el bienestar de una figura: el candidato.
Lo de la “calidad educativa” suena bien. Incluso personalidades como Caros Slim se han referido a ella: “Necesitamos mayor calidad en la educación, buscar pasar de la alfabetización a la cultura digital; transformar la estructura de la educación para acceder a medios modernos electrónicos para facilitar la educación”.
Sabemos cómo podemos mejorar, dónde encontrar soluciones no ya para tener figuras políticas tan de primer nivel como José Vasconcelos o Jaime Torres Bodet, sino simplemente alguien que no se confunda al leer “Influenza AH1N1”.
Texto aparecido en el suplemento CAMPUS de Milenio Diario
martes, 26 de octubre de 2010
Quitar al pasado con propuestas vacías. Un balance de las alianzas electorales
El discurso de los Presidentes del Partido Acción Nacional y de la Revolución Democrática la noche del 4 de julio era de victoria y júbilo por decir lo menos. Ellos ganaron, así lo decían, y al menos en los estados de Puebla, Sinaloa y Oaxaca levantaban la mano a sus candidatos aliancistas, todos ellos hasta hace unos meses identificados plenamente en las filas del Partido Revolucionario Institucional. Pero ese día, esa noche en particular, eran más aliancistas que nunca.
César Nava y Jesús Ortega se decían los grandes triunfadores de este proceso electoral 2010. Y era cierto, las alianzas ganaron la elección de esas tres entidades. Esa era su función, se fraguaron para la competencia de los votos, para derrotar a la otra opción, la del PRI que gobernaba.
Es necesario ubicar los puntos donde se afianzó ese triunfo. Lo dicho: las elecciones se ganaron con votos, pero hay que ver por qué perdió el PRI en esas entidades, y una de ellas fue que no se eligieron a los mejores candidatos.
En Puebla, además del Gobierno Estatal, en la capital tampoco el soporte no fue el requerido; elegir al candidato a gobernador es insuficiente ya, pues ahora juegan un papel cada vez más preponderantes los candidatos de las ciudades claves, donde hay mayor participación electoral, así como los candidatos a diputados locales.
En la capital de ese estado, Eduardo Rivero Pérez le ganó al priista Mario Alberto Montero Serrano, pese a una labor aceptable de la alcaldesa Blanca Alcalá, e incluso del anterior mandatario Enrique Doger, ambos tricolores. Allí sí se dio el caso de amarres políticos tenues, e incluso poco trabajados. La operación cicatriz careció de sustento o de realidad. La simulación al servicio de quien la requiere.
En Sinaloa el candidato Jesús Vizcarra contaba con gran apoyo en el centro del estado, pero no pudo penetrar en la zona norte, donde se dio la mayor diferencia entre el candidato de la alianza Mario López Valdéz, siendo expresidente de Ahome, donde se ubica Los Mochis, la diferencia de votos fue clave para obtener el triunfo (más de 100 mil sufragios), pues en el sur, el otro gran territorio de competencia, el Partido Acción Nacional jugó una buena carta con un expresidente de Mazatlán que aseguraba el triunfo local: Alejandro Higuera Osuna, y el apoyo estatal necesario para obtener el Gobierno.
El centro fue para Vizcarra, pero no de manera abrumadora: 182 mil 141 votos contra 126 mil 283 de MALOVA, esto es 55 mil 858 en su bastión tricolor. De hecho el PRI mantuvo la capital con el candidato Melesio Cuén, exrector de la Universidad Autónoma de Sinaloa. Pero sin lugar a dudas en el Estado, el carisma de MALOVA sumado al poderoso “cambio” que enarboló, resultó el ganador frente a la continuidad y al tema del narco con el que relacionaban al abanderado del PRI y del gobernador Jesús Aguilar.
Cabe señalar que durante el periodo en el que el Senador López Valdéz y el alcalde de Culiacán Jesús Vizcarra competían por la candidatura del PRI, siempre fue MALOVA arriba en las encuestas, durante la campaña hubo momentos en que esto parecía cerrarse, pero en las encuestas no hay nada escrito, y en las elecciones 2010 quedaron algunas lecciones a considerar.
Por ejemplo, pocos ejercicios estadísticos se acercaron a resultados reales. En Durango en su conteo rápido, Consulta Mitofsky dio ganador al candidato del PRI Jorge Herrera Caldera por 14 puntos porcentuales, cuando en el conteo del Instituto Electoral el exalcalde de la capital duranguense superó apenas los 2 puntos a su competidor Rosas Aispuro, también abanderado de una alianza, también priista pocos días antes.
Es cierto que en las encuestas cuando aparece una competencia cerrada, el resultado final favorece en mayor medida al candidato opositor, pues hay gente que dice que votará por la opción del mismo color que está en el gobierno, pero ya en el momento de elegir, cambia su voto.
En Oaxaca por su parte el candidato del PRI no pudo desligarse de la figura del gobernador Ulises Ruiz, y frente a Gabino Cué, con tantos años en campaña fue complicado posicionarse como una opción diferente, o como él decía transformadora. Había competido Cué en la elección anterior para gobernador y se habló incluso de que la ganó y “se la robaron”; de allí que hubiera un factor “ya le toca a Gabino”, y desde esa derrota estuvo en una campaña permanente, que alcanzó un punto alto en la elección para Senador; para éste 2010 lo adereza con el mensaje de unidad ligada al cambio. Incluso el PRI mantuvo la capital por un cerrado margen que apenas rebasó los 2 mil votos.
Nada más dañino para una campaña que la simulación, esto es listados inflados, supuestos territorios ya recorridos en el mapa pero no en la calle, nombres falsos o rescatados de directorios igual de dudosos puestos en las bases de datos con las que se presume tomarán las decisiones. La recomendación de la auditoría siempre es bienvenida.
Todos los candidatos ayudan a ganar o a perder. Una mal combinación de candidato a presidente municipal y de diputado local puede restar incluso en la campaña de gobernador. Sus labores de gestión, de organización y sobre todo de operación en el periodo de campaña se ven reflejados el día de la votación, no basta pues una buena campaña en aire y en tierra, hay que trabajar el día D, aceitar la maquinaria y saber los pormenores en todas las secciones, en cada casilla, ganar la voluntad de los líderes locales.
En Campeche el año pasado hubo elecciones, allí se dio un caso interesante de voto diferenciado, pues la capital la ganó el PAN por primera vez en la persona del exdiputado local Carlos Rosado Ruelas, pero los seis distritos locales fueron para los candidatos del PRI, y allí mismo, el hoy gobernador Fernando Ortega Bernés obtuvo más votos que la opción del PAN.
El otro gran tema es el de las propuestas. Cuál opción garantizaba lo que la gente quería; aunque claro, primero había que preguntarse qué quiere la gente. A nivel nacional todas las mediciones coincidían en los temas: mayor seguridad, generación de empleo, erradicación de pobreza, ya en lo particular podían variar hacia el tema agua, basura, vialidad, entre otros. Pero seguridad y empleo estaban en todo el país.
Nadie tomó como suya en su totalidad la bandera del empleo, quizá el referente del Presidente Felipe Calderón dejó en claro que no se podía ser el “Presidente del Empleo” en campaña, y en la vida real ya en funciones, una cosa diferente. La situación no da para tanto, el ambiente económico y social requería líneas discursivas esperanzadoras, pero a su vez reales.
Los resultados del 2009 en la elección intermedia fueron un termómetro de cómo venía comportándose cada entidad, pero no por ello se garantizaba un escenario similar, pues cada elección es diferente. Lo cierto es que esa nueva composición que se dio en las elecciones llamadas intermedias, fueron un factor para que los diputados federales que entraron en funciones hace poco menos de un año, operaran en sus entidades a favor de su causa.
En Sinaloa los ocho distritos federales fueron ganados por los candidatos del PRI, en Puebla salvo el Distrito Federal 11 que es la cuota correspondiente al Partido Verde Ecologista de México, el resto de los 16 son tricolores, y en Oaxaca las 11 curules federales fueron para el mismo PRI. Esto es, de un año a otro el escenario de triunfo no soportó el mismo tono del sufragio.
La fortaleza que obtuvo el PRI no le alcanzó en esos tres escenarios, aunque sí recuperó gubernaturas y afianzó algunas que tenía, pero muchos daban por sentado que barrería, incluso la Presidenta Nacional del instituto Beatriz Paredes lo mencionó en medios de comunicación: “carro completo”, para hablar su mismo idioma, lo cual alentó la noche del 4 de julio a los aliancistas, pues cualquier fisura en esa proyección de la tlaxcalteca sería tomada como triunfo, por eso el ánimo victorioso en las oficinas de los Partidos Acción Nacional y de la Revolución Democrática.
Ahora bien, no debe espantarnos este tipo de alianzas, en otros países se dan de manera recurrente para la gobernabilidad, en algunos escenarios se han unido para contrarrestar a otros actores, digamos que se puede estar llegando a una madurez política. Aunque la realidad diga que no. La de México debería ser o al menos calificarse como una etapa cíclica, de renovación, los colores son una idea, los candidatos un mensaje, y la propuesta…, pues se basó en el caso de los aliancistas en quitar a quienes estaban o habían estado por tantos años al frente del poder.
Por ejemplo Rafael Moreno Valle en Puebla ubicó el mensaje de unidad, cambio y ciudadano, éste último de gran valía ante la mala percepción y calificación de la clase política en general, aunado, por qué no decirlo, a una imagen fresca frente a la desgastada, por decir lo menos, de Javier López Zavala el abanderado del PRI.
Cabe la pregunta, con esa propuesta bastó para convencer a la gente de votar a favor de la alianza o en contra del PRI, la respuesta que aventuramos es no. No porque hay otros factores, no porque las labores de gobierno realizadas se desviaron de lo que la gente quería, no porque el candidato también cuenta, la operación, la relación a nivel nacional, así como el acompañamiento geográfico de la elección.
A qué nos referimos con esto último, baste ver el nuevo mapa político en la zona de la costera del océano pacífico: salvo Colima y Nayarit, ese territorio está vestido de los colores aliancistas, Nayarit tiene elección a gobernador el año próximo, se prende un foco rojo de nueva cuenta. La posición geográfica es obvia, los apoyos también, las guerras internas de los mismos partidos y actores políticos mueven sus piezas. ¿Quién gana al interior del PRI con las derrotas de esos tres estados?
Ahora los nuevos gobiernos, no sólo los aliancistas, sino todos los que entrarán en funciones, dan a conocer las alineaciones de sus equipos de trabajo, y se genera el debate sobre los elegidos, pues en el caso de los gobernadores aliancistas si requieren gente de confianza, de dónde los eligen si no es del anterior partido donde militaban, salvo claro, las cuotas que deben pagar por haber abanderado los colores de la alianza.
Los análisis actuales se centran en si la fórmula de las alianzas se repetirán en los procesos de 2011 y 2012. Ya hay indicios en el estado de Guerrero, primera elección del año próximo donde se podrá comprobar esta teoría. Cabe recordar que en Acapulco, la joya de la corona guerrerense en la elección pasada triunfó Manuel Añorve (quien ahora abandera la candidatura al gobierno por el mismo PRI), debido en gran medida a que las fuerzas opositoras PRD y Convergencia no se aliaron en su momento, y cada uno propuso a su candidato lo cual dividió en lugar de sumar.
Ahora el gobierno encabezado por Zeferino Torreblanca del PRD y las huestes del perredismo nacional han decidido que su candidato sea un expriista, cumpliendo al menos con uno de los requisitos que tienen los tres triunfadores aliancistas del 2010.
Aunque sin duda la lupa electoral estará puesta en el Estado de México, donde muchos ya empiezan a calificar como el primer acto de la gran puesta en escena que será el 2012, y hay incluso aventureros que señalan que lo que suceda allí se repetirá a nivel nacional, como si olvidaran que el triunfo de Arturo Montiel primero y luego de Enrique Peña Nieto hayan ayudado al PRI en sus derrotas frente al PAN de Vicente Fox y de Felipe Calderón, que no se confundan.
Las alianzas fueron exitosas porque ganaron. Tan sencillo como eso, porque nacieron para ser electoreras. Ya como gobierno otra cosa será, se le dedicarán las páginas y la tinta necesaria, pero por el momento, a Rafael Moreno Valle, a Mario López Valdéz y a Gabino Cué nadie les puede negar el nombre de señor Gobernador.
Texto aparecido en la revista Metapolítica.
César Nava y Jesús Ortega se decían los grandes triunfadores de este proceso electoral 2010. Y era cierto, las alianzas ganaron la elección de esas tres entidades. Esa era su función, se fraguaron para la competencia de los votos, para derrotar a la otra opción, la del PRI que gobernaba.
Es necesario ubicar los puntos donde se afianzó ese triunfo. Lo dicho: las elecciones se ganaron con votos, pero hay que ver por qué perdió el PRI en esas entidades, y una de ellas fue que no se eligieron a los mejores candidatos.
En Puebla, además del Gobierno Estatal, en la capital tampoco el soporte no fue el requerido; elegir al candidato a gobernador es insuficiente ya, pues ahora juegan un papel cada vez más preponderantes los candidatos de las ciudades claves, donde hay mayor participación electoral, así como los candidatos a diputados locales.
En la capital de ese estado, Eduardo Rivero Pérez le ganó al priista Mario Alberto Montero Serrano, pese a una labor aceptable de la alcaldesa Blanca Alcalá, e incluso del anterior mandatario Enrique Doger, ambos tricolores. Allí sí se dio el caso de amarres políticos tenues, e incluso poco trabajados. La operación cicatriz careció de sustento o de realidad. La simulación al servicio de quien la requiere.
En Sinaloa el candidato Jesús Vizcarra contaba con gran apoyo en el centro del estado, pero no pudo penetrar en la zona norte, donde se dio la mayor diferencia entre el candidato de la alianza Mario López Valdéz, siendo expresidente de Ahome, donde se ubica Los Mochis, la diferencia de votos fue clave para obtener el triunfo (más de 100 mil sufragios), pues en el sur, el otro gran territorio de competencia, el Partido Acción Nacional jugó una buena carta con un expresidente de Mazatlán que aseguraba el triunfo local: Alejandro Higuera Osuna, y el apoyo estatal necesario para obtener el Gobierno.
El centro fue para Vizcarra, pero no de manera abrumadora: 182 mil 141 votos contra 126 mil 283 de MALOVA, esto es 55 mil 858 en su bastión tricolor. De hecho el PRI mantuvo la capital con el candidato Melesio Cuén, exrector de la Universidad Autónoma de Sinaloa. Pero sin lugar a dudas en el Estado, el carisma de MALOVA sumado al poderoso “cambio” que enarboló, resultó el ganador frente a la continuidad y al tema del narco con el que relacionaban al abanderado del PRI y del gobernador Jesús Aguilar.
Cabe señalar que durante el periodo en el que el Senador López Valdéz y el alcalde de Culiacán Jesús Vizcarra competían por la candidatura del PRI, siempre fue MALOVA arriba en las encuestas, durante la campaña hubo momentos en que esto parecía cerrarse, pero en las encuestas no hay nada escrito, y en las elecciones 2010 quedaron algunas lecciones a considerar.
Por ejemplo, pocos ejercicios estadísticos se acercaron a resultados reales. En Durango en su conteo rápido, Consulta Mitofsky dio ganador al candidato del PRI Jorge Herrera Caldera por 14 puntos porcentuales, cuando en el conteo del Instituto Electoral el exalcalde de la capital duranguense superó apenas los 2 puntos a su competidor Rosas Aispuro, también abanderado de una alianza, también priista pocos días antes.
Es cierto que en las encuestas cuando aparece una competencia cerrada, el resultado final favorece en mayor medida al candidato opositor, pues hay gente que dice que votará por la opción del mismo color que está en el gobierno, pero ya en el momento de elegir, cambia su voto.
En Oaxaca por su parte el candidato del PRI no pudo desligarse de la figura del gobernador Ulises Ruiz, y frente a Gabino Cué, con tantos años en campaña fue complicado posicionarse como una opción diferente, o como él decía transformadora. Había competido Cué en la elección anterior para gobernador y se habló incluso de que la ganó y “se la robaron”; de allí que hubiera un factor “ya le toca a Gabino”, y desde esa derrota estuvo en una campaña permanente, que alcanzó un punto alto en la elección para Senador; para éste 2010 lo adereza con el mensaje de unidad ligada al cambio. Incluso el PRI mantuvo la capital por un cerrado margen que apenas rebasó los 2 mil votos.
Nada más dañino para una campaña que la simulación, esto es listados inflados, supuestos territorios ya recorridos en el mapa pero no en la calle, nombres falsos o rescatados de directorios igual de dudosos puestos en las bases de datos con las que se presume tomarán las decisiones. La recomendación de la auditoría siempre es bienvenida.
Todos los candidatos ayudan a ganar o a perder. Una mal combinación de candidato a presidente municipal y de diputado local puede restar incluso en la campaña de gobernador. Sus labores de gestión, de organización y sobre todo de operación en el periodo de campaña se ven reflejados el día de la votación, no basta pues una buena campaña en aire y en tierra, hay que trabajar el día D, aceitar la maquinaria y saber los pormenores en todas las secciones, en cada casilla, ganar la voluntad de los líderes locales.
En Campeche el año pasado hubo elecciones, allí se dio un caso interesante de voto diferenciado, pues la capital la ganó el PAN por primera vez en la persona del exdiputado local Carlos Rosado Ruelas, pero los seis distritos locales fueron para los candidatos del PRI, y allí mismo, el hoy gobernador Fernando Ortega Bernés obtuvo más votos que la opción del PAN.
El otro gran tema es el de las propuestas. Cuál opción garantizaba lo que la gente quería; aunque claro, primero había que preguntarse qué quiere la gente. A nivel nacional todas las mediciones coincidían en los temas: mayor seguridad, generación de empleo, erradicación de pobreza, ya en lo particular podían variar hacia el tema agua, basura, vialidad, entre otros. Pero seguridad y empleo estaban en todo el país.
Nadie tomó como suya en su totalidad la bandera del empleo, quizá el referente del Presidente Felipe Calderón dejó en claro que no se podía ser el “Presidente del Empleo” en campaña, y en la vida real ya en funciones, una cosa diferente. La situación no da para tanto, el ambiente económico y social requería líneas discursivas esperanzadoras, pero a su vez reales.
Los resultados del 2009 en la elección intermedia fueron un termómetro de cómo venía comportándose cada entidad, pero no por ello se garantizaba un escenario similar, pues cada elección es diferente. Lo cierto es que esa nueva composición que se dio en las elecciones llamadas intermedias, fueron un factor para que los diputados federales que entraron en funciones hace poco menos de un año, operaran en sus entidades a favor de su causa.
En Sinaloa los ocho distritos federales fueron ganados por los candidatos del PRI, en Puebla salvo el Distrito Federal 11 que es la cuota correspondiente al Partido Verde Ecologista de México, el resto de los 16 son tricolores, y en Oaxaca las 11 curules federales fueron para el mismo PRI. Esto es, de un año a otro el escenario de triunfo no soportó el mismo tono del sufragio.
La fortaleza que obtuvo el PRI no le alcanzó en esos tres escenarios, aunque sí recuperó gubernaturas y afianzó algunas que tenía, pero muchos daban por sentado que barrería, incluso la Presidenta Nacional del instituto Beatriz Paredes lo mencionó en medios de comunicación: “carro completo”, para hablar su mismo idioma, lo cual alentó la noche del 4 de julio a los aliancistas, pues cualquier fisura en esa proyección de la tlaxcalteca sería tomada como triunfo, por eso el ánimo victorioso en las oficinas de los Partidos Acción Nacional y de la Revolución Democrática.
Ahora bien, no debe espantarnos este tipo de alianzas, en otros países se dan de manera recurrente para la gobernabilidad, en algunos escenarios se han unido para contrarrestar a otros actores, digamos que se puede estar llegando a una madurez política. Aunque la realidad diga que no. La de México debería ser o al menos calificarse como una etapa cíclica, de renovación, los colores son una idea, los candidatos un mensaje, y la propuesta…, pues se basó en el caso de los aliancistas en quitar a quienes estaban o habían estado por tantos años al frente del poder.
Por ejemplo Rafael Moreno Valle en Puebla ubicó el mensaje de unidad, cambio y ciudadano, éste último de gran valía ante la mala percepción y calificación de la clase política en general, aunado, por qué no decirlo, a una imagen fresca frente a la desgastada, por decir lo menos, de Javier López Zavala el abanderado del PRI.
Cabe la pregunta, con esa propuesta bastó para convencer a la gente de votar a favor de la alianza o en contra del PRI, la respuesta que aventuramos es no. No porque hay otros factores, no porque las labores de gobierno realizadas se desviaron de lo que la gente quería, no porque el candidato también cuenta, la operación, la relación a nivel nacional, así como el acompañamiento geográfico de la elección.
A qué nos referimos con esto último, baste ver el nuevo mapa político en la zona de la costera del océano pacífico: salvo Colima y Nayarit, ese territorio está vestido de los colores aliancistas, Nayarit tiene elección a gobernador el año próximo, se prende un foco rojo de nueva cuenta. La posición geográfica es obvia, los apoyos también, las guerras internas de los mismos partidos y actores políticos mueven sus piezas. ¿Quién gana al interior del PRI con las derrotas de esos tres estados?
Ahora los nuevos gobiernos, no sólo los aliancistas, sino todos los que entrarán en funciones, dan a conocer las alineaciones de sus equipos de trabajo, y se genera el debate sobre los elegidos, pues en el caso de los gobernadores aliancistas si requieren gente de confianza, de dónde los eligen si no es del anterior partido donde militaban, salvo claro, las cuotas que deben pagar por haber abanderado los colores de la alianza.
Los análisis actuales se centran en si la fórmula de las alianzas se repetirán en los procesos de 2011 y 2012. Ya hay indicios en el estado de Guerrero, primera elección del año próximo donde se podrá comprobar esta teoría. Cabe recordar que en Acapulco, la joya de la corona guerrerense en la elección pasada triunfó Manuel Añorve (quien ahora abandera la candidatura al gobierno por el mismo PRI), debido en gran medida a que las fuerzas opositoras PRD y Convergencia no se aliaron en su momento, y cada uno propuso a su candidato lo cual dividió en lugar de sumar.
Ahora el gobierno encabezado por Zeferino Torreblanca del PRD y las huestes del perredismo nacional han decidido que su candidato sea un expriista, cumpliendo al menos con uno de los requisitos que tienen los tres triunfadores aliancistas del 2010.
Aunque sin duda la lupa electoral estará puesta en el Estado de México, donde muchos ya empiezan a calificar como el primer acto de la gran puesta en escena que será el 2012, y hay incluso aventureros que señalan que lo que suceda allí se repetirá a nivel nacional, como si olvidaran que el triunfo de Arturo Montiel primero y luego de Enrique Peña Nieto hayan ayudado al PRI en sus derrotas frente al PAN de Vicente Fox y de Felipe Calderón, que no se confundan.
Las alianzas fueron exitosas porque ganaron. Tan sencillo como eso, porque nacieron para ser electoreras. Ya como gobierno otra cosa será, se le dedicarán las páginas y la tinta necesaria, pero por el momento, a Rafael Moreno Valle, a Mario López Valdéz y a Gabino Cué nadie les puede negar el nombre de señor Gobernador.
Texto aparecido en la revista Metapolítica.
sábado, 12 de junio de 2010
Rumbo
La poesía es un recordatorio, un paisaje y un anhelo. Es quizá más sentido que palabra, dosificar las expresiones, compartir el artilugio menos favorable una mañana. Lo sabe Ricardo Pérez Monfort (Ciudad de México, 1954), lo maneja a la perfección en Rumbo, su reciente entrega de versos que se compone de dos partes, la que le da nombre al ejemplar y Jazz y whiskey, donde hace público lo que algunos guardan: “Después de la ambigua situación/ de no saber qué recuerdo escoger/ para pensarlo todo otra vez”.
Pero no basta recordar, hay que saber elegir entre de la variedad que se anida en la memoria. La lista sucumbe en el juicio de las emociones, pues el recuerdo es de nueva cuenta el protagonista cuando sale a la luz, cuando lo contemplamos como su tuviera una nueva vida, un nuevo aliento que expande su reciente vida a quienes lo procuran.
La construcción del escrito, el verso, el ritmo, la importante incógnita de lo que depara una página en blanco, la rispidez de la idea cuando se fragua, el sonido impuro del nacimiento, la llaga que se templa con la figura exacta, el acto de escribir en perfecto estado de lucidez. Sin fuerza que atestigüe lo complejo, sin atadura que estropeé el momento. Carente de luz artificial, pues lo que se quiere y de lo que se trata es de decir (algún decir) antes o después de saberse de nueva cuenta humano.
Rumbo comparte esa capacidad para escuchar, actividad en peligro de extinción, acción que habla bien de la persona, en este caso un autor que a su vez nos hace cómplices de sus gustos musicales, las señas particulares de las notas que le han acompañado en su tramo de décadas.
Y su dedicación en ocasiones encuentra inspiración en lo que no todos los ojos miran: “Un trago que abandona la botella entera/ en esa planicie plagada de biznagas/ que es mi escritorio fúnebre/ esta noche de domingo,/ cuando todo lo que debí hacer/ se quedó entre la botella, el vaso, el hielo/ y las enormes ganas de escribir…”; el oficio y el pretexto que siempre calibran el pulso sobre todo cuando se liga con expresiones que rompen los significados comunes, por ejemplo un abrazo de “yanotedejoir”.
En la segunda sección de la obra se nota un comportamiento más cercano: “Cada presa será responsable de sus íntimas impericias/ y tendrá que sentir en carne propia/ lo que es deambular, día a día, tras las rejas de una habitación/ construida para demostrar sus internos cautiverios”.
A la par de lúdico, alegre, retador, consciente del piso en que baila y se desenvuelve, sabedor de los términos, del riesgo que coloca en cada orden y del acento en cada línea, canto y gozo, sin dejar de lado la estructura esencial de lo que fue: “El pasado es sólo eso que se queda en la memoria:/ entreverado con lo que uno hubiese querido que sucediera/ y lo que uno recuerda”, esgrime en “Regresos” y ubica su segunda parte en “De Regreso”: “Otra vez el recuento de lo que pudo haber sido./ El brillo de la posibilidad./ Las palabras abiertas para ser llenadas/ con lo que sea su voluntad”.
Esa sensación de desesperación frustrada, encontrada, quizás incluso amaestrada.
Esta segunda parte contiene buenas formas de lo cotidiano en franco reflejo, el anhelo de lo que todos hemos buscado y de lo mucho que somos como protagonistas de una historia que tiene silencios y paraísos: “Allá y aquí/ tú y yo,/ somos dos habitantes/ de pequeños lugares/ que cuando estamos juntos/ son lugares, una vez más,/ cercanos al paraíso”.
Rumbo es un libro de poesía que exige lectura y atención, que sabe que el tiempo es un compañero de viaje, que los recuerdos permutan emociones, que los decibeles que el grito final evocará forman parte también de un placentero minuto fugaz.
Ricardo Pérez Monfort. Rumbo, Editorial Terracota (Colección La escritura invisible), México, 2010; 79pp
Texto aparecido en la revista Siempre¡
Pero no basta recordar, hay que saber elegir entre de la variedad que se anida en la memoria. La lista sucumbe en el juicio de las emociones, pues el recuerdo es de nueva cuenta el protagonista cuando sale a la luz, cuando lo contemplamos como su tuviera una nueva vida, un nuevo aliento que expande su reciente vida a quienes lo procuran.
La construcción del escrito, el verso, el ritmo, la importante incógnita de lo que depara una página en blanco, la rispidez de la idea cuando se fragua, el sonido impuro del nacimiento, la llaga que se templa con la figura exacta, el acto de escribir en perfecto estado de lucidez. Sin fuerza que atestigüe lo complejo, sin atadura que estropeé el momento. Carente de luz artificial, pues lo que se quiere y de lo que se trata es de decir (algún decir) antes o después de saberse de nueva cuenta humano.
Rumbo comparte esa capacidad para escuchar, actividad en peligro de extinción, acción que habla bien de la persona, en este caso un autor que a su vez nos hace cómplices de sus gustos musicales, las señas particulares de las notas que le han acompañado en su tramo de décadas.
Y su dedicación en ocasiones encuentra inspiración en lo que no todos los ojos miran: “Un trago que abandona la botella entera/ en esa planicie plagada de biznagas/ que es mi escritorio fúnebre/ esta noche de domingo,/ cuando todo lo que debí hacer/ se quedó entre la botella, el vaso, el hielo/ y las enormes ganas de escribir…”; el oficio y el pretexto que siempre calibran el pulso sobre todo cuando se liga con expresiones que rompen los significados comunes, por ejemplo un abrazo de “yanotedejoir”.
En la segunda sección de la obra se nota un comportamiento más cercano: “Cada presa será responsable de sus íntimas impericias/ y tendrá que sentir en carne propia/ lo que es deambular, día a día, tras las rejas de una habitación/ construida para demostrar sus internos cautiverios”.
A la par de lúdico, alegre, retador, consciente del piso en que baila y se desenvuelve, sabedor de los términos, del riesgo que coloca en cada orden y del acento en cada línea, canto y gozo, sin dejar de lado la estructura esencial de lo que fue: “El pasado es sólo eso que se queda en la memoria:/ entreverado con lo que uno hubiese querido que sucediera/ y lo que uno recuerda”, esgrime en “Regresos” y ubica su segunda parte en “De Regreso”: “Otra vez el recuento de lo que pudo haber sido./ El brillo de la posibilidad./ Las palabras abiertas para ser llenadas/ con lo que sea su voluntad”.
Esa sensación de desesperación frustrada, encontrada, quizás incluso amaestrada.
Esta segunda parte contiene buenas formas de lo cotidiano en franco reflejo, el anhelo de lo que todos hemos buscado y de lo mucho que somos como protagonistas de una historia que tiene silencios y paraísos: “Allá y aquí/ tú y yo,/ somos dos habitantes/ de pequeños lugares/ que cuando estamos juntos/ son lugares, una vez más,/ cercanos al paraíso”.
Rumbo es un libro de poesía que exige lectura y atención, que sabe que el tiempo es un compañero de viaje, que los recuerdos permutan emociones, que los decibeles que el grito final evocará forman parte también de un placentero minuto fugaz.
Ricardo Pérez Monfort. Rumbo, Editorial Terracota (Colección La escritura invisible), México, 2010; 79pp
Texto aparecido en la revista Siempre¡
sábado, 29 de mayo de 2010
Nada que esperar de una universidad sometida al populismo y mercantilismo global
Crisis en Grecia
Víctor Ivanovici, académico de la Universidad Aristóteles de Salónica, hace un balance de la situación económica y social que se vive en estos días en esa tierra tan llena de historia
La Universidad Aristóteles de Salónica está situada en la ciudad del mismo nombre, segunda en importancia de Grecia, sólo detrás de Atenas. Desde allí, el profesor de literatura Víctor Ivanovici hace un balance de la situación económica y social que se vive en estos días en esa tierra tan llena de historia. Más de 400 mil habitantes conviven con las edificaciones clásicas como las iglesias de San Demetrio, San Jorge y Santa Sofía. El catedrático hace un balance puntual de la situación política, por orden de gravedad: “primero, los malos gobiernos que padece el Estado griego desde que existe (1830)”. Nacido en Tulcea, Rumania, en 1947, enuncia al “populismo distributivo de la administración socialista (PASOK), a finales de los ochenta, y a la incapacidad y las malversaciones del último gobierno de centroderecha (Nueva Democracia). Y tercera, la corrupción arraigada que incluso corrompe a quien no roba, pero tolera que otros lo hagan”.
Incluso el traductor del griego, rumano, español, francés, portugués, catalán e italiano, va más allá en el comentario: “y hay otra corrupción más sutil y peligrosa que ésta, que consiste en apañárselas con el inmovilismo e incluso sacar provecho del mismo”.
Una razón más es el modelo económico europeo con el euro como moneda única que, ante una política económica común o coordinada, genera problemas en algunos países.
Como ahora en Grecia, pues, desde la perspectiva del profesor, “si la economía griega colapsa, es de esperar un efecto de dominó que afecte en primer término al sur más débil (España, Portugal, Italia) y luego a toda la zona del euro”. La sinceridad le gana en el comentario al autor de Gabriel García Márquez y su reino de Macondo, entre otros: “prefiero no imaginarme lo que pueda pasar en tal caso”.
La visión abarca todo el viejo continente: “en cuanto Europa se decida finalmente a ser Europa y no un amasijo de Estaduchos que tiran cada uno por su lado, se pueden reducir al mínimo el margen de decisión de su clase política inepta y corrupta”.
La violencia desmedida
En las aulas, Ivanovici enseña Literatura Hispánica, Traductología (Crítica y Metodología de la Traducción) y Literatura Europea, por ello ve cómo la violencia real empieza a superar a la ficción. Y es que la violencia tiende a crecer, el incremento puede deberse desde su óptica a “la incultura política de las masas y la opción de la izquierda por pescar en aguas revueltas, defendiendo el establishment gremial”.
Se le inquiere sobre el papel de la clase universitaria en este contexto. Su respuesta no es muy halagadora para el sector. “¿Qué puede esperarse de una clase universitaria indigente institucional e individualmente (lo cual redunda en su poca monta social): del profesorado de una universidad sometida al populismo y al mercantilismo globalizado, sumado a un alumnado que, amén de ignaro (por la dramática baja del nivel de la educación secundaria), que se deja manipular por las consignas populistas que agitan el mundo extrauniversitario?
Ganar en la crisis
Sin embargo, también observa ciertas alternativas: “en lo práctico, apretar el cinturón y los dientes, y cumplir con el programa de estabilización que, a pesar de cruel y quizá injusto, no tiene alternativa. En lo filosófico, recordar que en griego crisis, amén de lo que significa en varios otros idiomas, también quiere decir juicio o evaluación crítica. Si de la crisis logramos sacar una crisis de nosotros mismos y del mundo en que vivimos, hasta saldremos ganando”.
Aparecido en CAMPUS de Milenio Diario el jueves 27 de mayo de 2010.
Víctor Ivanovici, académico de la Universidad Aristóteles de Salónica, hace un balance de la situación económica y social que se vive en estos días en esa tierra tan llena de historia
La Universidad Aristóteles de Salónica está situada en la ciudad del mismo nombre, segunda en importancia de Grecia, sólo detrás de Atenas. Desde allí, el profesor de literatura Víctor Ivanovici hace un balance de la situación económica y social que se vive en estos días en esa tierra tan llena de historia. Más de 400 mil habitantes conviven con las edificaciones clásicas como las iglesias de San Demetrio, San Jorge y Santa Sofía. El catedrático hace un balance puntual de la situación política, por orden de gravedad: “primero, los malos gobiernos que padece el Estado griego desde que existe (1830)”. Nacido en Tulcea, Rumania, en 1947, enuncia al “populismo distributivo de la administración socialista (PASOK), a finales de los ochenta, y a la incapacidad y las malversaciones del último gobierno de centroderecha (Nueva Democracia). Y tercera, la corrupción arraigada que incluso corrompe a quien no roba, pero tolera que otros lo hagan”.
Incluso el traductor del griego, rumano, español, francés, portugués, catalán e italiano, va más allá en el comentario: “y hay otra corrupción más sutil y peligrosa que ésta, que consiste en apañárselas con el inmovilismo e incluso sacar provecho del mismo”.
Una razón más es el modelo económico europeo con el euro como moneda única que, ante una política económica común o coordinada, genera problemas en algunos países.
Como ahora en Grecia, pues, desde la perspectiva del profesor, “si la economía griega colapsa, es de esperar un efecto de dominó que afecte en primer término al sur más débil (España, Portugal, Italia) y luego a toda la zona del euro”. La sinceridad le gana en el comentario al autor de Gabriel García Márquez y su reino de Macondo, entre otros: “prefiero no imaginarme lo que pueda pasar en tal caso”.
La visión abarca todo el viejo continente: “en cuanto Europa se decida finalmente a ser Europa y no un amasijo de Estaduchos que tiran cada uno por su lado, se pueden reducir al mínimo el margen de decisión de su clase política inepta y corrupta”.
La violencia desmedida
En las aulas, Ivanovici enseña Literatura Hispánica, Traductología (Crítica y Metodología de la Traducción) y Literatura Europea, por ello ve cómo la violencia real empieza a superar a la ficción. Y es que la violencia tiende a crecer, el incremento puede deberse desde su óptica a “la incultura política de las masas y la opción de la izquierda por pescar en aguas revueltas, defendiendo el establishment gremial”.
Se le inquiere sobre el papel de la clase universitaria en este contexto. Su respuesta no es muy halagadora para el sector. “¿Qué puede esperarse de una clase universitaria indigente institucional e individualmente (lo cual redunda en su poca monta social): del profesorado de una universidad sometida al populismo y al mercantilismo globalizado, sumado a un alumnado que, amén de ignaro (por la dramática baja del nivel de la educación secundaria), que se deja manipular por las consignas populistas que agitan el mundo extrauniversitario?
Ganar en la crisis
Sin embargo, también observa ciertas alternativas: “en lo práctico, apretar el cinturón y los dientes, y cumplir con el programa de estabilización que, a pesar de cruel y quizá injusto, no tiene alternativa. En lo filosófico, recordar que en griego crisis, amén de lo que significa en varios otros idiomas, también quiere decir juicio o evaluación crítica. Si de la crisis logramos sacar una crisis de nosotros mismos y del mundo en que vivimos, hasta saldremos ganando”.
Aparecido en CAMPUS de Milenio Diario el jueves 27 de mayo de 2010.
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