miércoles, 9 de julio de 2008

Heriberto Frías

Aparecido originalmente en las páginas 1 y 2 del periódico El Demócrata el 5 de diciembre de 1895, el poema Sara en su verso V de su Primera Parte es una bocanada de humo en estos tiempos en que se prohíbe fumar en los lugares públicos cerrados que incluye bares, cantinas, burdeles y casas de cita, al menos en la ciudad de México pero que no tarda en hacerse aplicable a todo el país. De allí que su oportuna aparición ahora en la antología La escritura enjuiciada editada por el Fondo de Cultura Económica, sea un disfrute:

El alcohol al correr entre sus venas
no sé qué extraño germen removía
en su naturaleza depravada…
Los caprichos de aquella fantasía
demente y exaltada,
espoleaban frenética la orgía.
Y quedaba su orgullo de ramera
y su afán de placeres satisfecho,
reina y bacante, prostituta y diosa,
tronando altiva sobre el mueble que era
a un tiempo trono y mesa, altar y lecho.

La reseña completa de esta antología se está trabajando. Heriberto Frías personaje y escritor al mismo tiempo, humor, crítica, historia, erudición, contempló los vaivenes de un México que ahora recordamos a través de su prosa y poesía.

martes, 8 de julio de 2008

Ortega y Gasset IV

Hay gente que piensa que tiene la razón porque es la que más grita durante la charla. Los lugares públicos de reunión dejan poco espacio para la discreción, tenemos que elevar la voz inevitablemente sin importar el tema ni la persona o personas que nos acompañen. Da igual si estamos hablando de la más reciente visita al médico, una puesta en escena o una infidelidad, lo gritamos para que nos escuche nuestro acompañante de mesa, confidente, amistad o incluso, desconocido con el que compartimos un espacio y tiempo ese día. Nuevamente José Ortega y Gasset nos hace ver algo que todos los días pareciera llevar un paso fugaz, y por ende, no le prestamos la atención requerida; señala el filósofo español: “Para decir algo, nada menos que algo, tenemos que renunciar a decir todo lo demás”.
Por eso es conveniente inhibirse (Armando González Torres dixit) de vez en cuando, guardar secretos ya es una arte, una especie en peligro de extinción. Seamos pues coherentes con la naturaleza, si tenemos dos oídos y una boca, hablemos menos y escuchemos más. Y por supuesto, tener cuidado con todo aquello a lo que renunciamos decir, cuando decimos otra cosa, y por lo regular, cuando es en voz alta, gritando, es algo que no vale la pena.

lunes, 7 de julio de 2008

Ortega y Gasset III

En la comunicación política decimos a menudo que no nada más importa serlo sino también parecerlo. El tema de la imagen es uno muy recurrente en las actuales campañas de comunicación y electorales, que si es guapo, que si no lo es, que si es mujer, o joven, que si se ve trabajador o flojo. La conclusión es que tú puedes ser el mejor en algo, pero si la gente no lo percibe no te rendirá frutos.
José Ortega y Gasset lo dice mucho mejor: “nuestra realidad individual y colectiva no se compone meramente de lo que somos; una parte de nuestra realidad es lo que parecemos a los demás”. Cuando lo escribió aun no estaba tan de moda los debates televisivos, las combinaciones de colores, las operaciones estéticas, y sobre todo, el cuidado de la imagen y las palabras de nuestra clase pública (no sólo política).

viernes, 4 de julio de 2008

Costumbres humanas

Finalista del premio Herralde de Novela, Recursos humanos de Antonio Ortuño (1976) resulta ser una revelación y una confirmación. Lo segundo porque a aquellos que ya habían visto con buenos ojos su primer libro y novela anterior El buscador de cabezas, y en el volumen de relatos aparecido en España El jardín japonés, les da la razón de su trabajo depurado, sólido, con atinado juicio.

Mientras que para aquellos que aun no ubicaban en el mapa literario el nombre del también colaborador de reconocidas revistas culturales, difícilmente lo olvidarán de ahora en adelante, pues Recursos humanos es uno de esos pocos libros que en verdad contagian por su buena hechura y la violencia afectiva que la traza.

Son varios los aspectos a resaltar de esta novela, sobre todo tres: los personajes, la trama y la contagiante cercanía que pueden tener las acciones menos verosímiles con la realidad.

Es la entrada de la reseña que se publicó en la revista Crítica que está en circulación, si alguien desea ver completo este texto, y no puede conseguir un ejemplar de la revista, puede solicitarlo por esta vía.

jueves, 3 de julio de 2008

El clima de violencia social asedia y repercute en los jóvenes

En un ambiente violento, con una problemática económica que se resiente en los hogares, con falta creciente de oportunidades y una marcada carencia de identidad, los jóvenes mexicanos parecen encontrase en un callejón sin salida

El tema ni siquiera está en la agenda. Es un asunto secundario en el programa de los políticos y sus partidos. Aunque digan otra cosa. Juventud es sinónimo de demagogia. Cuarenta años después del 68. A casi cien años de la Revolución.

Pero la situación de los jóvenes y su futuro se puede analizar con todos los enfoques. No se reduce a una cuestión económica o cultural. Es un tema problemático desde los más diversos ángulos, porque toca el fondo de las condiciones del cuerpo social.

Estas condiciones son deficitarias. Verdad de Perogrullo que adquiere en el contexto actual del país una serie de repercusiones en el desarrollo y formación de los jóvenes. La violencia que se observa en las calles y que se reproduce exacerbada en los medios de comunicación, asedia y trasciende en una juventud cuya capacidad de absorción es mayúscula.

Nadie puede estar ajeno a una realidad que se repite: "En México mueren más personas por causas violentas que en la guerra de Irak"; en las calles, en las banquetas, en todos los espacios públicos impera la ley del más fuerte; las maldiciones verbales cruzan el ambiente hasta la degradación de las relaciones humanas. Los ejemplos concretos en la vida cotidiana son innumerables.

Este clima de violencia social inevitablemente afecta a los jóvenes. El investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana, campus Iztapalapa, Alfredo Nateras afirma que “la violencia está en la vida social de este país; el país está militarizado, el crimen organizado vía el narcotráfico realmente tiene un poder de muerte terrible, y eso repercute de manera directa en el comportamiento de nuestros jóvenes”.

Entrada del reportaje que aparece hoy en CAMPUS de Milenio Diario.

miércoles, 2 de julio de 2008

La sinceridad del poema

La cotidianidad, los temas que vivimos todos, la forma y el contorno conocidos a través de versos bien labrados, trabajados a juicio y beneficio. Esa es la propuesta de la obra poética de Luis García Montero (Granada, España, 1958), de quien circula Poesía (1980-2005) verdadera muestra de este poeta, especie de Sabines español, incluso él mismo ha declarado al chiapaneco como uno de sus maestros, una influencia que se nota al leerlo.
En este volumen, con prólogo de José-Carlos Mainer, podemos apreciar las historias abanderadas por el amor, con una trama reconocible, un trajín particular que se vuelve global gracias a la honestidad y al sentido. Para García Montero: “Toda obra poética es una tarea de civilización personal, un trazado de caminos y de fronteras”. El primer libro que aparece es Poemas de Tristia (1982), donde se finca ese ritmo sostenido que “El lugar del crimen” resulta ser un buen ejemplo:

“Más allá de la sombra
te delatan tus ojos,
y te adivino tersa,
como un mapa extendido
de asombro y de deseo.
Date por muerta,
amor,/ es un atraco.
Tus labios o la vida”.

García Montero edifica un territorio propio donde la luz es el mejor aliado para la vida, y la sombra un lado más sereno para contemplar el paso de las actividades comunes. El siguiente libro que aparece es El jardín extranjero (1983): “Lo sé, hemos sido extranjeros/ hablándonos por señas demasiado cercanas,/ ansiosos en las calles/ de una nueva ciudad,/ esperando tal vez que nos fotografíen/ delante de este amor y de sus cicatrices,/ eso que confundimos con nuestros sentimientos/ o acaso/ —en la noche de locura—/ con una sensación de humedad en los ojos”. Pero también ese espacio es propicio para la soledad mas no para la desesperación, “Reestreno” es una buena muestra: “Pudiera ser también que nos extrañe/ la ilusión que supuso saber desconocernos,/ hasta llegar aquí,/ fingidos en la voz, desdibujados,/ como suenan los pasos de la soledad/ en los cines vacíos de reestreno”.
En 1987 apareció Diario cómplice, el cual vislumbra la fortaleza del sentimiento, las emociones se bifurcan y el amor es quien decide: “Por mucho amor que guarde,/ una carta encontrada boca abajo en la mesa/ será siempre un cadáver”. Además, en el verso VIII de su Libro II, traza las coordenadas de su biografía temporal: “Mi historia no es un libro, como dices,/ es la esquina doblada de una página,/ porque pensar también lo que he sido/ me define de un modo más exacto/ por elecciones/ o presentimientos,/ porque hay versos que nunca se llegan a escribir/ y la fidelidad que tengo a la poesía:/ es demasiado débil,/ ni siquiera respeta su nostalgia”.
Ya para las décadas de los noventa, Luis García Montero presentó Las flores del frío (1991), en el cual define el verdadero sentido común de la historia poética, los hechos sencillos se acostumbran a ser líricos en sus versos, en “Tienda de muebles” leemos: “Verte desnuda/ o comprender el hueco de las manos,/ no tengo miedo, amor, porque te quiero,/ me gustas con las luces encendidas,/ aún es pronto,/ llámame cuando llegues,/ voy a colgar, mi madre/ necesita el teléfono”, el grado de sátira o de lúdico contagio es un reflejo de la época contemporánea, el sinsabor del postre nunca cede tregua.
Habitaciones separadas (1994) es uno de los puntos más altos en la poesía de García Montero, la “Dedicatoria” lo deja claro, el silbido del susurro resulta contagioso cuando en verdad se requiere de una amable caricia: “Si alguna vez la vida te maltrata,/ acuérdate de mí,/ que no puede cansarse de esperar/ aquel que no se cansa de mirarte”. Y aquí también el descarado amor es el que manda, el que ordena no sólo las palabras ni los versos, sino las acciones que no le corresponden necesariamente a lo terrenal: “Como la luz de un sueño,/ que no raya en el mundo pero existe,/ así he vivido yo,/ iluminando/ esa parte de ti que no conoces,/ la vida que has llevado junto a mis pensamientos”.
Dedicado a Almudena (Grandes), Completamente viernes (1998) es el gesto que eligió el escritor para hacer su himno poético, su código de malestar y desasosiego disfrazado de cándido enamoramiento: “Por detergentes y lavavajillas,/ por libros ordenados, y escobas en el suelo,/ por los cristales limpios, por la mesa/ sin papeles, libretas ni bolígrafos,/ por los sillones sin periódicos,/ quien se acerque a mi casa/ puede encontrar un día/ completamente viernes”. Y aquí también se hospedan los “Problemas de geografía personal”, un lenguaje transparente con la narración que identifica las labores de quienes habitan la desesperación por al amor que se marcha:

“Nunca sé despedirme de ti,
(siempre me quedo
con el frío de alguna palabra
(que no he dicho,
con un malentendido que
(temer,
ese hueco de torpe inexistencia
que a veces, gota a gota, se
(convierte
en desesperación”.

Si bien había trazado el plano de su arquitectura en los libros anteriores, La intimidad de la serpiente (2003) refuerza ese mensaje, el “Domicilio particular” mantiene la profundidad de la caricia, que sabe de lo desgastante que resulta ver pasar el tiempo sin el respirar contiguo: “Al regresar a casa,/ cuando la luz se ha transformado en eco/ después de una jornada insoportable,/ el tiempo y ella son/ como una propiedad particular./ Necesito saber que me esperaba”. En este libro también recupera su tradición ¿o vocación? por la música (no hace mucho le pidieron musicalizar algunos poemas para la Orquesta Ciudad de Granada, lo cual aceptó amable y entusiastamente), de allí sus canciones, tal como lo hizo en Las flores del frío, ejemplo es “Canción serpiente”: “Y repitió el insomnio/ de la ciudad inútil/ que las noches se pierden en un ojo sin párpado// porque la audiencia sube/ cada vez que el veneno/ abandona a su suerte a los instintos del rayo”.
La sección final de estas casi setecientas páginas se titula Además, conformada por Y ahora ya eres dueño del puente de Brooklyn (1980), su canto inicial tanto al espacio que se anhela como a los escritos que se requieren, así como En pie de paz (1985-2005), el de mayor uso cuando se necesita elevar la voz a favor de la civilidad, y Rimado de Ciudad (1981-2005), reflejo y resplandor de su querido mundo granadino.
Al lado de los libros de poesía, Luís García Montero ha estudiado, hablado y analizado sobre la poesía, sus tomos de ensayos como Poesía, cuartel de invierno, Confesiones poéticas, El sexto día, entre otros son muestra clara de ello, de allí que piense así: “Desconfío del poeta que se dedica solamente a la retórica manifiesta, pero desconfío también del que es incapaz de improvisar un soneto o de escribir endecasílabos sin contar con los dedos. La técnica no lo es todo, pero uno está perdido si no domina la técnica”. O dicho en verso: “Déjame que responda, lector, a tus preguntas,/ mirándote a los ojos, con amistad fingida,/ porque esto es la poesía: dos soledades juntas”.
Luís García Montero es a estas alturas de la poesía contemporánea un representante digno de la tradición española, amable de palabra y con los ritmos depurados, aprendidos y llevados a la página de la manera más honesta posible, que cuando se le agrega la dosis de sinceridad requerida, resultan en poemas que se conocen, se quieren, y se hacen del dominio público.

Luís García Montero, Poesía (1980-2005). Tusquets Editores (Col. Nuevos textos sagrados), España, 2006; 678pp.


Texto aparecido en la revista Siempre¡

martes, 1 de julio de 2008

Memoria para el olvido


El autor de El extraño caso del Dr. Kekyll y Mr. Hyde, Robert Louis Stevenson murió en 1894, reconocido como narrador, también en su legado se pueden ubicar ensayos de gran hechura por su profundidad y rigor, a los cuales no escapa también el humor que todo genio conlleva. Estos escritos ahora han salido de la imprenta del Fondo de Cultura Económica en coedición con Siruela bajo el sugerente título de Memoria para el olvido, del cual extraigo un par de citas para hincar el mes que da de paso comienzo también a la segunda mitad del año.

“Un hombre tiene que haber pensado mucho en el paisaje antes de empezar a disfrutarlo de veras”

Y nosotros que luego nos dejamos absorber por la cotidianeidad o peor aún que lenta aunque paulatinamente perdemos la capacidad de sorprendernos.

“La pasión, la sabiduría, la fuerza creativa, el talento para el misterio y el colorido, nos son otorgados a la hora de nacer, y no pueden ser aprendidos ni estimulados. Pero el uso justo y diestro de las cualidades que sí tenemos, la proporción de una parte respecto a otra y con respecto al todo, la eliminación de lo inútil, el énfasis en lo importante, y el mantenimiento de un carácter uniforme de principio a fin: éstas, que juntas constituyen la perfección técnica, pueden ser alcanzadas hasta cierto punto a fuerza de trabajo y de coraje intelectual”.

No hay más, la inspiración divina es una cosa con la que siempre es bueno contar, pero el trabajo, la constancia, perseverancia, puntualidad, prontitud, proactividad, paciencia, y otras cualidades respaldarán ese don divino. Eso era en el siglo XIX, en el XXI no ha cambiado, de allí la visión de Robert Louis Stevenson.