Al más puro estilo de la nota roja que no respeta la delgada e invisible línea entre el periodismo y la literatura, Giovanni Fuentes (1976) entrega Crónicas de pasión y crimen, colección de relatos cimentados en la investigación perfectamente incrustados en la escenografía de una modernidad que no concede respiro acompañado de tranquilidad. Fuentes dibuja una serie de personajes que pasan de la desgracia a la tragedia. Llevando siempre el símbolo de la mala fortuna, e incluso más de uno atravesando el camino por el que pasó el diablo.
Tras el telón que esconde la ciudad de Morelia, capital de Michoacán, el alma reporteril de Giovanni Fuentes lo llevó de a poco y seguramente sin oponer resistencia, a conocer a estos artífices de la vida sangrienta, que combinan la droga con el alcohol con las apuestas por la vida, ésas donde el premio cuando se gana es seguir su andar la mañana siguiente.
También están esas historias de desgracia que hacen corto circuito con el amor, con el engaño, con los celos, como esa mujer que no le bastó quitarle el marido a la hermana, sino que al no poder quedarse totalmente con ese hombre, decidió acusarlo de violación.
La mejor compañía que pudo hallar el periodista fue la calle, donde se encuentran los personajes, de allí todo parte, el bar, el ministerio público, la cárcel, el panteón, en el fondo un reflejo de la sociedad, de esta suerte de lotería: el valiente, el suicida, la viuda.
Crónicas de pasión y crimen es una compilación que nos habla del trabajo de un reportero nato, del que huele en la realidad y en su alrededor lo que de suyo se sabe incierto: la mentalidad del ser humano. Y de allí se desdoblan las 21 historias que nos dejan un eco en la conciencia, pues todos somos parte de la solución como del problema.
El libro tiene altibajos, las historias muy bien logradas que no se dejan contaminar por aquéllas donde las prisas se impusieron. Sin embargo, el factor sorpresa permanece intacto a lo largo de las páginas de una obra que será comentada y bien recibida.
Giovanni Fuentes, Crónicas de pasión y crimen.
Edición de autor, México, 2011; 192 pp.
Texto aparecido en la revista Siempre¡ del domingo 12 de febrero 2012.
lunes 13 de febrero de 2012
Formas de volver a casa
A mediados de la década pasada apareció Bonsái, novela que llamó la atención y que puso en el cuadrante al también poeta Alejandro Zambra (Santiago de Chile, 1975), luego llegó La vida privada de los árboles, para dar paso a Formas de volver a casa, un libro que atrapa por su cercanía y ritmo.
El ejemplar tiene vida a partir de lo que es al querer ser. Es un juego de memoria, un rítmico vaivén, va del recuerdo al anhelo, de la gracia a la anécdota haciendo pausa en el sentimiento que aun le atraviesa el más grato momento de su infancia. No es una biografía pero lo parece con algunas frases lacónicas: “Es que prefiero escribir a haber escrito”.
Es también un retrato de Claudia, la chica de sus sueños, la chica de su vida. La que a veces vive con él, un él adolescente, adulto primerizo, escritor que da a leer su vida, y que en la obra cabe su parentela, y por supuesto su amor, aunque a veces mienta, aunque en ocasiones no sepa qué seguirá en cada capítulo y tenga la necesidad de reescribir.
El relato es la conformación y a veces la confirmación de una historia, pero de una que conlleva signos vitales y cicatrices, él mimo lo dice: “Es extraño, es tonto pretender un relato genuino sobre algo, sobre alguien, sobre cualquiera, incluso sobre uno mismo. Por es necesario también”. Quizá con la simpatía que el pequeño dolor guía.
Es una historia fugaz que va del pasado al presente, es una desesperante forma de decirle a quien tanto te cuenta que está escribiendo algo que debe mostrarlo o al menos terminarlo o, en una tercera opción mandarlo al diablo porque la historia no existe, es una mentira hilada de a poco, es eso, una desesperación por ver el libro terminado.
Porque en el fondo, lo tomamos como un reflejo de nuestra historia propia, no ya por las anécdotas que conjunta Alejandro Zambra en Formas de volver a casa, sino porque al leer sus páginas, se activa ese mecanismo que utilizamos cuando también nos percatamos que un día nos soltamos de la mano de nuestros padres, y nosotros supimos el regreso a casa pero ellos no.
El camino que cada uno trace es la verdadera historia, el amor se presenta, claro, como en toda obra, igual que el desamor, los conflictos familiares, pero la magia radica en el compartir, no ya en los personajes, sino en el escenario que se vuelve pasajero del mismo viaje, y es allí cuando uno se identifica con la obra de Alejandro Zambra, e invita a su lectura.
Alejandro Zambra, Formas de volver a casa. Anagrama, México, 2011; 164 pp.
Texto aparecido en la revista Siempre¡ el 28 de enero de 2012.
El ejemplar tiene vida a partir de lo que es al querer ser. Es un juego de memoria, un rítmico vaivén, va del recuerdo al anhelo, de la gracia a la anécdota haciendo pausa en el sentimiento que aun le atraviesa el más grato momento de su infancia. No es una biografía pero lo parece con algunas frases lacónicas: “Es que prefiero escribir a haber escrito”.
Es también un retrato de Claudia, la chica de sus sueños, la chica de su vida. La que a veces vive con él, un él adolescente, adulto primerizo, escritor que da a leer su vida, y que en la obra cabe su parentela, y por supuesto su amor, aunque a veces mienta, aunque en ocasiones no sepa qué seguirá en cada capítulo y tenga la necesidad de reescribir.
El relato es la conformación y a veces la confirmación de una historia, pero de una que conlleva signos vitales y cicatrices, él mimo lo dice: “Es extraño, es tonto pretender un relato genuino sobre algo, sobre alguien, sobre cualquiera, incluso sobre uno mismo. Por es necesario también”. Quizá con la simpatía que el pequeño dolor guía.
Es una historia fugaz que va del pasado al presente, es una desesperante forma de decirle a quien tanto te cuenta que está escribiendo algo que debe mostrarlo o al menos terminarlo o, en una tercera opción mandarlo al diablo porque la historia no existe, es una mentira hilada de a poco, es eso, una desesperación por ver el libro terminado.
Porque en el fondo, lo tomamos como un reflejo de nuestra historia propia, no ya por las anécdotas que conjunta Alejandro Zambra en Formas de volver a casa, sino porque al leer sus páginas, se activa ese mecanismo que utilizamos cuando también nos percatamos que un día nos soltamos de la mano de nuestros padres, y nosotros supimos el regreso a casa pero ellos no.
El camino que cada uno trace es la verdadera historia, el amor se presenta, claro, como en toda obra, igual que el desamor, los conflictos familiares, pero la magia radica en el compartir, no ya en los personajes, sino en el escenario que se vuelve pasajero del mismo viaje, y es allí cuando uno se identifica con la obra de Alejandro Zambra, e invita a su lectura.
Alejandro Zambra, Formas de volver a casa. Anagrama, México, 2011; 164 pp.
Texto aparecido en la revista Siempre¡ el 28 de enero de 2012.
lunes 19 de diciembre de 2011
Mundo Twitter
Tres secciones dividen el libro Mundo Twitter, del profesor de la Universidad de Navarra José Luis Orihuela, por una parte la explicación si bien del académico que es, también del usuario y del investigador de los fenómenos sociales, de quien le explica no ya al alumno sino al compañero de vuelo, a quien quizá todavía no entra o a quienes han entrado para no quedar fuera, pero ahora saben que se le puede sacar mucho jugo a esta actividad.
Precisamente sobre eso versa el prólogo de Alejandro Pisictelli, académico de la Universidad de Buenos Aires, quien afirma: “La fuerza de Internet está precisamente en que deja explorar el poder de las conexiones a distancia con un efecto contundente. Sus mejores logros se están viendo en los campos de la innovación, la colaboración interdisciplinaria, la coordinación de acciones entre compradores y vendedores y las funciones logísticas del mundo de las citas. Pero los lazos débiles difícilmente lleven ni hagan posible un activismo de alto riesgo”.
Orihuela tiene en su haber la experiencia de otras obras, pero sobre todo de ser un constante consumidor y protagonista de las redes sociales, por eso comprende a cabalidad que “Twitter tiene que integrarse a la estrategia de comunicación de las organizaciones, con todo el rigor de un nuevo medio de comunicación, pero adaptando la táctica al lenguaje, al estilo y a la etiqueta que distinguen a Twitter de los otros medios”. Consejo que no deben despreciar aquellos políticos o aquellas instituciones que sólo pretenden acceder a las redes sociales para no quedar fuera, para “saber qué está pasando” mas no así para participar.
Difícil será su incursión si no comprenden que desde la óptica del también autor de La revolución de los blogs “Twitter son personas conversando con personas y creando vínculos con personas. Gente hablando, escuchando y respondiendo. Twitter es personal y es comunidad”, y por ende “La presencia de una organización en Twitter tiene que responder a una estrategia global de comunicación”.
La primera parte es de lo básico o lógico a lo fundamental, lo que se debe saber, lo que de saberse siempre cae bien repasarlo. Para luego llegar a las prácticas de la sociedad, a saber cómo se puede influir en un mayor impacto de Twitter en las organizaciones, pues no sólo basta estar sino hay que lograr consolidarse. Disfrutar el viaje, sentir el latido pero sin que llegue la adicción.
Entre la segunda y la última sección hay un paréntesis largo, una antología de twits que al parecer de José Luis Orihuela vale la pena compartir, y es allí donde podemos encontrar perlas como: @inroyo: ¡Se me acaba de caer la tostada encima del pantalón, y no por el lado de la mantequilla! ¡Ja! Murphy, ¡te gané! @LuisCarlos: Yo no sé por qué cada vez hay más noticias si cada día hay menos país. @albertomontt: En las librerías, junto a la sección de auto-ayuda, debería estar una de auto-crítica. @AlbertoPedro: Algunos diputados podrían procurar ser buenas personas antes de autoproclamarse semidioses. @suenosdelarazon: ¿Por qué la gente que siempre llega tarde siempre tiene prisa?
La última sección es la del investigador que deja su huella, recomendaciones de usuarios, de cuentas por temas, son anexos que ayudan a la claridad, como bien señala “fuentes de información sobre twitter en la red”; sobre todo recursos y herramientas para sacarle mayor provecho a la herramienta, incluso cierra con un glosario para quienes en ocasionas manejan el término sin siquiera conocerlo.
Necesario señalar que Mundo Twitter es mucho mejor que Twitter de Miguel Carbonell, quien sólo narra cómo llegó él a esta red social, y luego agrega una cantidad exagerada de twits tanto de su autoría como de otros usuarios sin una temática contundente, como divertimento digamos que el volumen de Carbonell pasa, mientras que el libro de Orihuela resulta una referencia obligada ya para hablar de la materia.
José Luis Orihuela, Mundo Twitter. Alienta editorial, España, 2011; 266 pp.
Aparecido en la Revista Siempre¡
Precisamente sobre eso versa el prólogo de Alejandro Pisictelli, académico de la Universidad de Buenos Aires, quien afirma: “La fuerza de Internet está precisamente en que deja explorar el poder de las conexiones a distancia con un efecto contundente. Sus mejores logros se están viendo en los campos de la innovación, la colaboración interdisciplinaria, la coordinación de acciones entre compradores y vendedores y las funciones logísticas del mundo de las citas. Pero los lazos débiles difícilmente lleven ni hagan posible un activismo de alto riesgo”.
Orihuela tiene en su haber la experiencia de otras obras, pero sobre todo de ser un constante consumidor y protagonista de las redes sociales, por eso comprende a cabalidad que “Twitter tiene que integrarse a la estrategia de comunicación de las organizaciones, con todo el rigor de un nuevo medio de comunicación, pero adaptando la táctica al lenguaje, al estilo y a la etiqueta que distinguen a Twitter de los otros medios”. Consejo que no deben despreciar aquellos políticos o aquellas instituciones que sólo pretenden acceder a las redes sociales para no quedar fuera, para “saber qué está pasando” mas no así para participar.
Difícil será su incursión si no comprenden que desde la óptica del también autor de La revolución de los blogs “Twitter son personas conversando con personas y creando vínculos con personas. Gente hablando, escuchando y respondiendo. Twitter es personal y es comunidad”, y por ende “La presencia de una organización en Twitter tiene que responder a una estrategia global de comunicación”.
La primera parte es de lo básico o lógico a lo fundamental, lo que se debe saber, lo que de saberse siempre cae bien repasarlo. Para luego llegar a las prácticas de la sociedad, a saber cómo se puede influir en un mayor impacto de Twitter en las organizaciones, pues no sólo basta estar sino hay que lograr consolidarse. Disfrutar el viaje, sentir el latido pero sin que llegue la adicción.
Entre la segunda y la última sección hay un paréntesis largo, una antología de twits que al parecer de José Luis Orihuela vale la pena compartir, y es allí donde podemos encontrar perlas como: @inroyo: ¡Se me acaba de caer la tostada encima del pantalón, y no por el lado de la mantequilla! ¡Ja! Murphy, ¡te gané! @LuisCarlos: Yo no sé por qué cada vez hay más noticias si cada día hay menos país. @albertomontt: En las librerías, junto a la sección de auto-ayuda, debería estar una de auto-crítica. @AlbertoPedro: Algunos diputados podrían procurar ser buenas personas antes de autoproclamarse semidioses. @suenosdelarazon: ¿Por qué la gente que siempre llega tarde siempre tiene prisa?
La última sección es la del investigador que deja su huella, recomendaciones de usuarios, de cuentas por temas, son anexos que ayudan a la claridad, como bien señala “fuentes de información sobre twitter en la red”; sobre todo recursos y herramientas para sacarle mayor provecho a la herramienta, incluso cierra con un glosario para quienes en ocasionas manejan el término sin siquiera conocerlo.
Necesario señalar que Mundo Twitter es mucho mejor que Twitter de Miguel Carbonell, quien sólo narra cómo llegó él a esta red social, y luego agrega una cantidad exagerada de twits tanto de su autoría como de otros usuarios sin una temática contundente, como divertimento digamos que el volumen de Carbonell pasa, mientras que el libro de Orihuela resulta una referencia obligada ya para hablar de la materia.
José Luis Orihuela, Mundo Twitter. Alienta editorial, España, 2011; 266 pp.
Aparecido en la Revista Siempre¡
La Navidad se adelanta
La Navidad acostumbra llegar en diciembre y arribar por completo la noche del 24; sin embargo, ahora parece que su presencia la tenemos antes.
Es por demás común observar, en tiendas departamentales sobre todo, un notorio despliegue de productos alusivos a las fiestas decembrinas desde mediados del mes de septiembre, en el caso mexicano que celebramos la independencia con el famoso grito de dolores la noche del 15 de septiembre, es muy fácil mirar en los centros comerciales las banderas de México junto con los primeros indicios de la Navidad.
Las cenas de fin de año que normalmente se celebraban en la segunda quincena de diciembre, empezaron a recorrerse para inicios de ese mes puesto que cada vez más se complicaba por las vacaciones o por los compromisos sociales de los integrantes de esos grupos.
Pero ahora, es a mediados o finales de noviembre cuando inician estas llamadas convivencias de finales de año, cuando todavía no concluye el onceavo mes. Esto es, estamos celebrando el término de algo que todavía tiene mucho que darnos. A este paso celebraremos antes del 24 de diciembre la Navidad.
Hay casos en los cuales algunas dependencias públicas, por ejemplo Secretarías de Estado, hacen esas reuniones, pongamos por caso un desayuno con los periodistas que cubren su fuente, y se dan regalos, abrazos y buenos deseos, sin embargo, aunque no se crea, todavía se tienen contemplados en la agenda uno o dos eventos donde se requiere la participación de los integrantes de los medios de comunicación.
Cabe la pregunta: ¿Qué se debe hacer en tal caso, se vuelve a dar el abrazo de fin de año, se darán dos o tres más? Pregunta lógica que no viene en el Manual de Carreño de buenos usos y costumbres. Cuestionamiento natural a planteamiento cada vez más frecuente.
Ahora bien, en este ejemplo al menos la convivencia se nota cotidiana. Porque tal parece que la comunicación moderna exige mayor participación a través de canales tecnológicos por encima de la presencia física. Traducción, usamos más el teléfono que las reuniones presenciales.
Esta noticia tampoco debe tomarse para tirarnos a la tragedia, sino para la reflexión. Existe cierta percepción de que cada vez más convivimos menos tiempo con ciertas personas, entonces ese tiempo que nos obsequiamos debe ser de calidad. Llevemos este ejemplo a cualquier esfera social o familiar, además la época decembrina es un buen catalizador pues es cuando el pretexto para las reuniones sociales, laborales y sobre todo familiares se presenta.
Celebramos reunirnos dentro de los marcos de lo automático, se da por descontado que será con la familia o los seres que queremos donde pasaremos las fiestas decembrinas, al menos físicamente, porque mentalmente seguro más de uno estará en otro sitio, y es que cada vez más actuamos así.
El alumno que está en clase pero en su mente y en su teléfono está en otro mundo. El egresado que está buscando empleo con la esperanza de que al conseguirlo y obtener su primer pago pueda salir a algún lugar deseado. El empleado con la imaginación puesta en otro trabajo y no dando el cien por ciento de su desempeño en donde actualmente se le paga. El ama de casa que está en el mercado pero su pensamiento se dirige a otras estaciones. Distracción es la palabra que estamos buscando.
Aunque quizá sea más allá de la concentración o ubicación. También se requiere ánimo y complicidad para que sea mayor el disfrute de las pequeñas cosas que al final se transforman en las que nos marcan como ciudadanos.
El tema que nos convoca es la Navidad, que a muchos nos gusta y la celebramos el 24 de diciembre, como nos enseñaron, cuando debe ser. La inmediatez no debe forzarnos a celebrarla cuando todavía no es el tiempo. La temporalidad de la Navidad y de otras celebraciones importantes puede tomarse a la ligera si seguimos así.
Dice el filósofo Zygmunt Bauman, y tal vez tenga razón que “La cultura moderna líquida no tiene ningún ‘pueblo’ al que pueda ‘cultivar’. Lo que sí tiene son clientes a los que puede seducir”. Luego entonces podemos hablar de los propósitos de año nuevo.
Es por demás común observar, en tiendas departamentales sobre todo, un notorio despliegue de productos alusivos a las fiestas decembrinas desde mediados del mes de septiembre, en el caso mexicano que celebramos la independencia con el famoso grito de dolores la noche del 15 de septiembre, es muy fácil mirar en los centros comerciales las banderas de México junto con los primeros indicios de la Navidad.
Las cenas de fin de año que normalmente se celebraban en la segunda quincena de diciembre, empezaron a recorrerse para inicios de ese mes puesto que cada vez más se complicaba por las vacaciones o por los compromisos sociales de los integrantes de esos grupos.
Pero ahora, es a mediados o finales de noviembre cuando inician estas llamadas convivencias de finales de año, cuando todavía no concluye el onceavo mes. Esto es, estamos celebrando el término de algo que todavía tiene mucho que darnos. A este paso celebraremos antes del 24 de diciembre la Navidad.
Hay casos en los cuales algunas dependencias públicas, por ejemplo Secretarías de Estado, hacen esas reuniones, pongamos por caso un desayuno con los periodistas que cubren su fuente, y se dan regalos, abrazos y buenos deseos, sin embargo, aunque no se crea, todavía se tienen contemplados en la agenda uno o dos eventos donde se requiere la participación de los integrantes de los medios de comunicación.
Cabe la pregunta: ¿Qué se debe hacer en tal caso, se vuelve a dar el abrazo de fin de año, se darán dos o tres más? Pregunta lógica que no viene en el Manual de Carreño de buenos usos y costumbres. Cuestionamiento natural a planteamiento cada vez más frecuente.
Ahora bien, en este ejemplo al menos la convivencia se nota cotidiana. Porque tal parece que la comunicación moderna exige mayor participación a través de canales tecnológicos por encima de la presencia física. Traducción, usamos más el teléfono que las reuniones presenciales.
Esta noticia tampoco debe tomarse para tirarnos a la tragedia, sino para la reflexión. Existe cierta percepción de que cada vez más convivimos menos tiempo con ciertas personas, entonces ese tiempo que nos obsequiamos debe ser de calidad. Llevemos este ejemplo a cualquier esfera social o familiar, además la época decembrina es un buen catalizador pues es cuando el pretexto para las reuniones sociales, laborales y sobre todo familiares se presenta.
Celebramos reunirnos dentro de los marcos de lo automático, se da por descontado que será con la familia o los seres que queremos donde pasaremos las fiestas decembrinas, al menos físicamente, porque mentalmente seguro más de uno estará en otro sitio, y es que cada vez más actuamos así.
El alumno que está en clase pero en su mente y en su teléfono está en otro mundo. El egresado que está buscando empleo con la esperanza de que al conseguirlo y obtener su primer pago pueda salir a algún lugar deseado. El empleado con la imaginación puesta en otro trabajo y no dando el cien por ciento de su desempeño en donde actualmente se le paga. El ama de casa que está en el mercado pero su pensamiento se dirige a otras estaciones. Distracción es la palabra que estamos buscando.
Aunque quizá sea más allá de la concentración o ubicación. También se requiere ánimo y complicidad para que sea mayor el disfrute de las pequeñas cosas que al final se transforman en las que nos marcan como ciudadanos.
El tema que nos convoca es la Navidad, que a muchos nos gusta y la celebramos el 24 de diciembre, como nos enseñaron, cuando debe ser. La inmediatez no debe forzarnos a celebrarla cuando todavía no es el tiempo. La temporalidad de la Navidad y de otras celebraciones importantes puede tomarse a la ligera si seguimos así.
Dice el filósofo Zygmunt Bauman, y tal vez tenga razón que “La cultura moderna líquida no tiene ningún ‘pueblo’ al que pueda ‘cultivar’. Lo que sí tiene son clientes a los que puede seducir”. Luego entonces podemos hablar de los propósitos de año nuevo.
domingo 4 de diciembre de 2011
La Biblia Vaquera
Cuando ganó el XXI Premio Nacional de Cuento Magdalena Mondragón en el año 2005 por la pieza “La Biblia Vaquera” y apareció como libro bajo el sello del Fondo Editorial Tierra Adentro en 2008 no tuvo los grandes reflectores que ameritaba, o tal vez muchos lectores no estábamos preparados para recibirlo. La lectura a final de cuentas es de gusto y momentos.
Luego su autor nos entregó La marrana negra de la literatura rosa en 2010 y fue allí cuando su confirmó de lo que hablaba en serio y que su material valía la pena.
El relanzamiento de La Biblia Vaquera en una editorial de mayor penetración y presencia en medios como lo es Sexto Piso hace que más lectores tengan esa oportunidad (primera o segunda) de encontrarse con unas páginas explosivas, originales, ruidosas.
Por principio de cuentas la estructura es tradicional, mas no así la narrativa. Todos cuentos, todas crónicas, todas canciones, la percepción al leer esta obra es similar a la que se vive cuando se escucha la radio en un transporte público, con mil escenarios, con mil reflejos, pero con algo que se vuelve adictivo, que ata a la narración, que comulga con una rapidez por el contagio y termina con la soledad del individuo que se baja en la siguiente esquina.
Pareciera que tiene fetiches y lugares comunes, tal vez las referencias hacen pensar eso, no en balde aparece sin quererlo del todo Valentín Elizalde, el también conocido como Pico de oro asesinado ídolo de la música grupera contemporánea, o la arena de lucha libre se transforma en un escenario de mil batallas arriba y abajo del ring.
Creando su propia atmósfera: PopStock, Carlos Velázquez nos habla de las cosas que entran por los ojos y los oídos, la música, los corridos, los reality shows, pero no ya en forma demostrativa, sino recurriendo al caso, a la vivencia del personaje que a su vez se vuelve trama, porque nunca se descubre del todo qué es la Biblia Vaquera, si un protagonista, un objeto, o el llavero de la buena suerte que carga siempre su autor.
Incrusta en las páginas temáticas contemporáneas como la droga o el narco (“Bien me lo decía mi madre, nunca confíes en un narco y menos en uno que de chiquito tuvo puras canicas de agua”), con pasajes históricos como un 2 de octubre moderno, a la par que transmite un divertimento muy bien logrado pocas veces visto, sin caer en el chiste barato y haciendo que el lector no se pierda en el mar de sus términos y lenguajes disímbolos.
La lucha libre es un pretexto y una referencia constante, el fantasma que atraviesa sus páginas es un luchador de nombre Espanto, quizá tomando como esa figura heroica que prepara el terreno de la sobrevivencia también para los demás personajes que se dan cita en esta peculiar obra.
Al leer La Biblia Vaquera, por momentos no se sabe si se está viendo una película (la referencia de El Día de la Bestia, filme de Alex de la Iglesia no sale sobrando más bien es una nota al pie de página), escuchando el radio, viendo pasar la vida en una esquina céntrica, o todo al mismo instante pues el continuo movimiento de sonidos y furia hace que reaccionemos de manera diferente.
Es un libro que tal vez no conmueve pero sin duda sí mueve. Incluso a manera de recomendación este volumen de Carlos Velázquez puede leerse teniendo como fondo musical a los Cadetes de Linares o al grupo Bronco, tal vez sea una experiencia digna de intentarse.
Carlos Velázquez, La Biblia Vaquera (Un triunfo del corrido sobre la lógica). Sexto Piso, México, 2011; 105 pp.
Texto aparecido en la revista Siempre!
Luego su autor nos entregó La marrana negra de la literatura rosa en 2010 y fue allí cuando su confirmó de lo que hablaba en serio y que su material valía la pena.
El relanzamiento de La Biblia Vaquera en una editorial de mayor penetración y presencia en medios como lo es Sexto Piso hace que más lectores tengan esa oportunidad (primera o segunda) de encontrarse con unas páginas explosivas, originales, ruidosas.
Por principio de cuentas la estructura es tradicional, mas no así la narrativa. Todos cuentos, todas crónicas, todas canciones, la percepción al leer esta obra es similar a la que se vive cuando se escucha la radio en un transporte público, con mil escenarios, con mil reflejos, pero con algo que se vuelve adictivo, que ata a la narración, que comulga con una rapidez por el contagio y termina con la soledad del individuo que se baja en la siguiente esquina.
Pareciera que tiene fetiches y lugares comunes, tal vez las referencias hacen pensar eso, no en balde aparece sin quererlo del todo Valentín Elizalde, el también conocido como Pico de oro asesinado ídolo de la música grupera contemporánea, o la arena de lucha libre se transforma en un escenario de mil batallas arriba y abajo del ring.
Creando su propia atmósfera: PopStock, Carlos Velázquez nos habla de las cosas que entran por los ojos y los oídos, la música, los corridos, los reality shows, pero no ya en forma demostrativa, sino recurriendo al caso, a la vivencia del personaje que a su vez se vuelve trama, porque nunca se descubre del todo qué es la Biblia Vaquera, si un protagonista, un objeto, o el llavero de la buena suerte que carga siempre su autor.
Incrusta en las páginas temáticas contemporáneas como la droga o el narco (“Bien me lo decía mi madre, nunca confíes en un narco y menos en uno que de chiquito tuvo puras canicas de agua”), con pasajes históricos como un 2 de octubre moderno, a la par que transmite un divertimento muy bien logrado pocas veces visto, sin caer en el chiste barato y haciendo que el lector no se pierda en el mar de sus términos y lenguajes disímbolos.
La lucha libre es un pretexto y una referencia constante, el fantasma que atraviesa sus páginas es un luchador de nombre Espanto, quizá tomando como esa figura heroica que prepara el terreno de la sobrevivencia también para los demás personajes que se dan cita en esta peculiar obra.
Al leer La Biblia Vaquera, por momentos no se sabe si se está viendo una película (la referencia de El Día de la Bestia, filme de Alex de la Iglesia no sale sobrando más bien es una nota al pie de página), escuchando el radio, viendo pasar la vida en una esquina céntrica, o todo al mismo instante pues el continuo movimiento de sonidos y furia hace que reaccionemos de manera diferente.
Es un libro que tal vez no conmueve pero sin duda sí mueve. Incluso a manera de recomendación este volumen de Carlos Velázquez puede leerse teniendo como fondo musical a los Cadetes de Linares o al grupo Bronco, tal vez sea una experiencia digna de intentarse.
Carlos Velázquez, La Biblia Vaquera (Un triunfo del corrido sobre la lógica). Sexto Piso, México, 2011; 105 pp.
Texto aparecido en la revista Siempre!
jueves 24 de noviembre de 2011
Miedos modernos
Los tiempos actuales traen consigo diferentes miedos. Ya el filósofo alemán Zygmunt Bauman desde hace años viene hablándonos de cómo lo sólido (retomando a Marshall Berman) se desvanece en el aire, y, también se vuelve líquido para dejar de ser lo que era. Ahora la flexibilidad juega un papel crucial.
En esta flexibilidad y con los accesorios que conllevan nuevos mecanismos de comportamiento e interacción humana, percibimos algunas modificaciones en lo que antes parecía cotidiano.
Por ejemplo, parece por momentos que los jóvenes hoy en día tienen miedo al éxito, y es que en la formación académica el alumno más aplicado, el llamado cerebrito, el que siempre saca 10 de calificación es relegado, no es el más popular, esas coincidencias casi no se presentan.
Y se contrapone con el miedo a reprobar, no tanto ya por la pérdida de tiempo que implicaría repetir un año escolar, sino por el rechazo social, por el reclamo familiar, por las críticas que conllevará a quienes se enteren de esa línea en el currículum.
En el mismo escenario escolar el maestro contemporáneo por momentos pareciera que tiene miedo a perder el empleo (situación que se extrapola a cualquier profesión u oficio en países como México), lo aleja de su concentración total para ejercer el magisterio, sumado a que debe buscar otras maneras de manutención para completar el pago de sus servicios y nivel de vida.
Este mismo personaje en ciertos casos concibe la actualización como una manera segura de permanencia más que de aprovechamiento y buen uso en su clase. Una muestra similar la ubicamos en los diferentes estudios que se han hecho en alumnos de posgrado, quienes llegan con carencias de lectura, análisis y escritura. Ellos cumplen el requisito de titulación, publicación de textos u otros sólo para incrementar su puntuación y salario.
Fuera del aula, los padres también comparten el miedo de perder sus fuentes de ingreso e imaginan escenarios diversos donde sus hijos caen en problemas de drogadicción y violencia. La violencia cotidiana en diversas ciudades de nuestro país.
Y es que pareciera que hoy en día ya no es el miedo a morir, sino a la manera de cómo moriremos. Luego del bombardeo en diversos canales de comunicación y charlas familiares, de amigos y conocidos, donde el punto común es haber sido parte o conocer casos cercanos de violencia, contagian que puede ser latente ser atacado por un grupo armado o quedar en medio de una balacera.
No en balde hemos visto simulacros de evacuación en casos de violencia con niños de preescolar; testimonios como el video que circuló en Internet donde vimos cómo una maestra tranquilizaba a sus pequeños estudiantes cantando una canción, mientras afuera de la escuela un estruendo de balas reclamaba la atención.
En otra faceta que se vive actualmente, y el miedo que puede transmitirse están las relaciones juveniles de pareja, donde se presentan situaciones de violencia verbal y física. De allí que el rompimiento de una relación amorosa, más allá de la explicación psicológica y emocional que pueden dar los expertos, es un miedo constante por dos flancos: el que representa una posible represalia, y el ya no tener a ese ser amado cerca o consigo.
Es un miedo que se traduce también en quedar aislado, que va en ocasiones de la mano al miedo al castigo. Quedar aislado o ser relegado es un miedo constante, ya no formar parte del grupo está latente.
Hoy buena parte del miedo radica en quedarse “desconectado” del mundo. Por ejemplo, sin crédito en el celular, o peor aún, sin batería, ese tiempo que dura el “aislamiento” y que anteriormente no se vivía, hoy pone en verdadera psicosis a los jóvenes, y no tan jóvenes profesionistas, que tienen la “necesidad” de estar conectados para saberse útiles, pues piensan que seguramente justo cuando la pila se agote recibirán la llamada o el mensaje que estaban esperando, el que cambiará sus vidas.
Antes se llegaba a casa y se preguntaba si alguien había llamado, si ese alguien había dejado algún recado, y todavía más, si ese mismo alguien había dejado un número dónde localizarlo. Hoy eso, que no es tan pasado, suena tan añejo y hace que aparezca el miedo al arrepentimiento. Miedo al “por qué no”, por qué no hice, por qué no dije, por qué no supe.
Quizá incluso no estemos errados al pensar que algunos jóvenes tengan miedo a ser felices. Puesto que basan su nivel de felicidad a partir de la queja constante y de sentirse mal. Miedos actuales que debemos enfrentar cada día.
Texto aparecido en CAMPUS de Milenio Diario
En esta flexibilidad y con los accesorios que conllevan nuevos mecanismos de comportamiento e interacción humana, percibimos algunas modificaciones en lo que antes parecía cotidiano.
Por ejemplo, parece por momentos que los jóvenes hoy en día tienen miedo al éxito, y es que en la formación académica el alumno más aplicado, el llamado cerebrito, el que siempre saca 10 de calificación es relegado, no es el más popular, esas coincidencias casi no se presentan.
Y se contrapone con el miedo a reprobar, no tanto ya por la pérdida de tiempo que implicaría repetir un año escolar, sino por el rechazo social, por el reclamo familiar, por las críticas que conllevará a quienes se enteren de esa línea en el currículum.
En el mismo escenario escolar el maestro contemporáneo por momentos pareciera que tiene miedo a perder el empleo (situación que se extrapola a cualquier profesión u oficio en países como México), lo aleja de su concentración total para ejercer el magisterio, sumado a que debe buscar otras maneras de manutención para completar el pago de sus servicios y nivel de vida.
Este mismo personaje en ciertos casos concibe la actualización como una manera segura de permanencia más que de aprovechamiento y buen uso en su clase. Una muestra similar la ubicamos en los diferentes estudios que se han hecho en alumnos de posgrado, quienes llegan con carencias de lectura, análisis y escritura. Ellos cumplen el requisito de titulación, publicación de textos u otros sólo para incrementar su puntuación y salario.
Fuera del aula, los padres también comparten el miedo de perder sus fuentes de ingreso e imaginan escenarios diversos donde sus hijos caen en problemas de drogadicción y violencia. La violencia cotidiana en diversas ciudades de nuestro país.
Y es que pareciera que hoy en día ya no es el miedo a morir, sino a la manera de cómo moriremos. Luego del bombardeo en diversos canales de comunicación y charlas familiares, de amigos y conocidos, donde el punto común es haber sido parte o conocer casos cercanos de violencia, contagian que puede ser latente ser atacado por un grupo armado o quedar en medio de una balacera.
No en balde hemos visto simulacros de evacuación en casos de violencia con niños de preescolar; testimonios como el video que circuló en Internet donde vimos cómo una maestra tranquilizaba a sus pequeños estudiantes cantando una canción, mientras afuera de la escuela un estruendo de balas reclamaba la atención.
En otra faceta que se vive actualmente, y el miedo que puede transmitirse están las relaciones juveniles de pareja, donde se presentan situaciones de violencia verbal y física. De allí que el rompimiento de una relación amorosa, más allá de la explicación psicológica y emocional que pueden dar los expertos, es un miedo constante por dos flancos: el que representa una posible represalia, y el ya no tener a ese ser amado cerca o consigo.
Es un miedo que se traduce también en quedar aislado, que va en ocasiones de la mano al miedo al castigo. Quedar aislado o ser relegado es un miedo constante, ya no formar parte del grupo está latente.
Hoy buena parte del miedo radica en quedarse “desconectado” del mundo. Por ejemplo, sin crédito en el celular, o peor aún, sin batería, ese tiempo que dura el “aislamiento” y que anteriormente no se vivía, hoy pone en verdadera psicosis a los jóvenes, y no tan jóvenes profesionistas, que tienen la “necesidad” de estar conectados para saberse útiles, pues piensan que seguramente justo cuando la pila se agote recibirán la llamada o el mensaje que estaban esperando, el que cambiará sus vidas.
Antes se llegaba a casa y se preguntaba si alguien había llamado, si ese alguien había dejado algún recado, y todavía más, si ese mismo alguien había dejado un número dónde localizarlo. Hoy eso, que no es tan pasado, suena tan añejo y hace que aparezca el miedo al arrepentimiento. Miedo al “por qué no”, por qué no hice, por qué no dije, por qué no supe.
Quizá incluso no estemos errados al pensar que algunos jóvenes tengan miedo a ser felices. Puesto que basan su nivel de felicidad a partir de la queja constante y de sentirse mal. Miedos actuales que debemos enfrentar cada día.
Texto aparecido en CAMPUS de Milenio Diario
miércoles 16 de noviembre de 2011
¿Qué demonios se oye?

Entrevista con Carlos Velázquez, autor de La Biblia Vaquera
Hay autores que arriesgan y son los que llaman la atención, hay libros que mueven y son los que se leen con gusto, tal es el caso de La Biblia Vaquera, obra de Carlos Velázquez (1978), coahuilense que sabe lo que ha creado y que se siente orgulloso de ello.
Envalentonado, Velázquez dice haber creado un espacio llamado PopStock para burlarse de una cartografía que puso de moda la llamada generación del Boom, la cual le parece despreciable, y la del Crack, la cual le es vomitiva. Salvo tres excepciones: en el primer grupo El perseguidor y Rayuela, de Julio Cortázar, y en el segundo En busca de Klingsor, de Jorge Volpi.
Pero a pregunta directa repara, se detiene, reflexiona para calificar a su libro dentro del popart, digamos más cercano a un cómic que a un corrido, y es una respuesta que deja dudas, pues la música es algo que le llama, que le llena, que le guía.
Hay un cuento en la obra que sobresale, lleva por título “Ellos las prefieren gordas”, que bien podría ser heredero en alguna línea del gran Enrique Jardiel Poncela o del maestro Jorge Ibargüengoitia, aunque Velázquez confiesa a manera de sacrilegio que no ha leído a Jorge Ibargüengoitia: “Cuando me hacen el referente no puedo saberlo. Pero las influencias no siempre llegan de manera directa. No soy un conocedor de su obra”.
Pero el también autor de Cuco Sánchez Blues tiene buena pulsación para lograr que la historia no caiga en el chiste barato ni en la anécdota cotidiana, él argumenta que “la estructura lo sostiene todo, el conflicto del personaje mantiene esa figura en función del cuento. Cada una de las palabras está expuesta para cumplir cierta función, la suma de todas ellas hace que el entramado semántico se mantenga”.
Lenguaje que no tienen nada de parecido al que aparece en las páginas de La Biblia Vaquera, donde se puede leer vertiginosos llamados a la inmediatez, telúricos aconteceres de un segundo, palabros onomatopéyicos escritos en español de un inglés que no le es ajeno.
Uno de sus fetiches favoritos es el luchador de nombre El Espanto, de hecho su fantasma atraviesa la obra, tiene su explicación: “Para nosotros El Espanto es el ejemplo de trascendencia, es uno de los primeros laguneros exitosos, fue uno de los mejores rivales de El Santo; que aparezca en el libro es un homenaje, además su máscara es sensacional, elegante, es un personaje único”.
También la atmósfera donde se contemplan las vivencias del luchador lo es, esa Arena de Lucha Libre, templo de lo que quieras ser, del héroe o del antihéroe, de lo que se requiera.
Uno de sus fetiches favoritos es el luchador de nombre El Espanto, de hecho su fantasma atraviesa la obra, tiene su explicación: “Para nosotros El Espanto es el ejemplo de trascendencia, es uno de los primeros laguneros exitosos, fue uno de los mejores rivales de El Santo; que aparezca en el libro es un homenaje, además su máscara es sensacional, elegante, es un personaje único”.
Carlos Velázquez ganó el Premio XXI Premio Nacional de Cuento Magdalena Mondragón en 2005, para 2008 apareció La Biblia Vaquera bajo el sello del Fondo Editorial Tierra Adentro, el cual no pasó inadvertido, pero es ahora en la edición de Sexto Piso cuando lo conoce más gente. “Al libro en esta edición definitiva se le añadió un cuento y un epílogo, y tiene por fin la circulación que merece; mucha gente me escribía para ver dónde comprarlo, el libro es más visible, creo que el libro se lo merecía porque empezó a ser demandado, solicitado, la gente quería comprarlo, digamos que el libro estaba necesitando una distribución mayor que la que Tierra Adentro podía ofrecerle”.
Perteneciente a la generación de los setenta, que a su parecer es la que mantiene actualmente la fama de la literatura coahuilense en este momento. Cita dos ejemplos: Julian Herbert, autor de Cocaína (Manual de usuario), y Alejandro Pérez Cervantes, de Saltillo, con su obra Murania, la cual tiene cierta correspondencia con La Biblia Vaquera.
“No perseguimos intereses particulares, simplemente cada quien quiere brillar con luz propia. Coahuila es un estado que tiene mejores escritores nacidos en los setenta, es complicado saber por qué u ofrecer un diagnóstico, pero lo simplifico diciendo a que se debe al hambre que tenemos”.
Las influencias en la mayoría de este grupo son las lecturas de la literatura estadounidense como Cormac McCarthy, o en el caso particular de La Biblia Vaquera que tiene al parecer de Velázquez una deuda con La pesca de trucha en Norteamérica, de Richard Gary Brautiga, y es que “quería hacer mi versión, trasladar los mismos motivos pero desde el aspecto norteño”.
Y dio como resultado una obra original que mueve; en voz de su creador es un libro de juventud, se puede notar al leer La marrana rosa de la literatura negra, donde sin perder su estilo transmite un narrador más maduro, uno que, digamos, ya empieza a pagar su derecho de piso.
Los próximos proyectos son una novela en la misma editorial para el siguiente año, y un libro de cuentos, donde todo gira alrededor del músico Celso Piña: “Son historias de hijos perdidos de Celso Piña, hijos que buscan a su padre”; otra vez la influencia de la música, otra vez el elemento del que no se puede sustraer, del que forma parte el autor.
“Hubo un tiempo en que me metí mucho a la clásica y al jazz, pero me zafé, ahora escucho rock, pero obviamente también música norteña. Del rock general clásico mi grupo favorito son Manic Street Preachers, de Gales, y su disco Holy Bible”.
La televisión casi no la menciona, dice que no la ve, y lo que narra en sus páginas han sido momentos con los que se ha topado, con cosas como los reality shows: “Cuando estaba casado la televisión era lo que estaba prendida en la casa. Me gusta más el cine, La Biblia Vaquera está más influenciada por el cine, aunque esperemos pronto tener una canción, estamos en pláticas con algunos grupos”. ®
Entrevista aparecida en la edición de noviembre de la Revista Replicante.
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