viernes, 6 de diciembre de 2013

Contar las noches

Narrador nato, eso es Vicente Alfonso (Coahuila, 1977), tanto en la novela (para muestra Partitura para mujer muerta), como en el cuento, para muestra el volumen Contar las noches. Vicente se mueve con naturalidad, pues sabe explotar a la perfección las cualidades del periodista que también lleva consigo: la observación y saber escuchar, de allí que las voces narrativas, los personajes que cobran vida en sus páginas sean naturales, sin falsas poses. En estas páginas nos lleva por el juego de la memoria y las imágenes, de la imaginación y el qué será, como en las dos primeras piezas “Perder en lotería” y “Señas particulares”, cortadas con la misma tijera pero cada una independiente, una llevada por el engaño en despoblado, incluso con la complacencia de las amigas, mientras el otro con la eterna figura del fantasma, del reflejo, la historia de una búsqueda que concluye con el nuevo empeño. Le sigue “Latitud 32” con un ritmo vertiginoso, narrado con la finura de la segunda persona, la dualidad se presenta al mismo que la realidad. El volumen exige atención debido a la contundencia, es como la pieza que lleva ese título precisamente, esa necesidad de la realidad alterna, de lo que se pierde por el delirio, de la libertad que se gana a costa de la distracción del otro. Por su parte “Ojos borrados” es la voz de provincia, de una zona donde se muere o se mata, donde las órdenes están por encima de la razón, de la lógica, del orden. “Alquimia sin luz” parece no compartir el ritmo de los demás, es más lento, con la misma vía, pero desprendiendo otros recovecos narrativos. “Un muerto en la emboscada” es una breve crónica de un engaño, disfrazada con una ráfaga de imágenes, el ritmo vibrante y su desenlace por demás afinado acelera el pulso y la lectura. “Epidemia” es la figura de la plaga en un escenario controlado, un barco, con el tic tac ensordecedor que hace eco en los personajes. “Para soñar tu insomnio” resulta la trama más sensual, Sara es la figura erótica, combinada con el alto clima del café recién tostado (o al gusto de quien va a tomarlo), un homenaje a la belleza y a la sensualidad. “Operativo” es una mezcla de ficción y realidad que a veces la prensa de México lo lleva en sus titulares de manera recurrente, otra vez la vena periodística de Vicente Alfonso, el lector no se sorprende con la trama pero sí con la hechura. “Volver al polvo” es un homenaje del autor a su raíz, pero no exclusivo de la gente de La Laguna (esa región que comparten Coahuila y Durango), sino que bien puede hallar asilo en otros rincones, y hacer de ella la mejor manera que tiene el ser humano para enfrentar el día. Va muy de la mano con “Enroque”, una mezcla de pasiones del autor: la música y el futbol sobre todo, con un destino que tiene bajo la manga los desenlaces inverosímiles. Cierra el volumen “Trago amargo”, una historia tras la historia, un convaleciente escucha en voz de su padre la desgracia propia, la cercana, la que lo descarna. En suma, Contar las noches es una colección de cuentos que refrenda el alto nivel de Vicente Alfonso, un volumen que además de obtener el Premio María Luisa Puga en 2009 encontrará sin duda un caudal de lectores ávidos de buenas narraciones, de personajes bien formados, de tramas sostenidas, de literatura de calidad. Vicente Alfonso, Contar las noches. Universidad Autónoma de la Ciudad de México, México, 2011; 92 pp. Texto publicado en la Revista Siempre¡ del 23 de febrero de 2013.